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¡Hola
a todos! Bueno, este es mi primer fic de Rurouni Kenshin, así que no sean muy
duros conmigo. Espero que les guste. Cualquier comentario, crítica, o duda mi
e-mail es danadani@hotmail.com, asegúrese
de poner en asunto algo en español para que yo no me confunda con propagandas.
CAPÍTULO
1
Era
una mañana de primavera, la más hermosa que se haya visto jamás. Los pétalos
de los árboles de Sakura regaban el piso de aquel lugar. Aquel dojo, que a
simple vista parecía tan perfecto, tan pacífico, tan adorable... pero bastaba
con acercársele para escuchar los innumerables gritos de Kaoru y las peleas de
Yahiko con Sano. Algunos pensaban que en ese dojo vivían locos, ya que a
primera hora de la mañana los gritos recorrían toda la ciudad y tal vez,
llegaban a la siguiente.
Kenshin,
por su parte, inmutable a los gritos de sus amigos, seguía con su rutina
diaria, lavar la ropa, y, en realidad, nunca se cansaba de hacerlo, ya que hacía
feliz a su amada Kaoru. Y él hacía todo lo que estaba a su alcance para que
Kaoru estuviera feliz, ya que Yahiko y Sano no ayudaban mucho con sus riñas.
Pareciera ser que ellos nunca estarían conformes hasta ver a Kaoru explotar.
Sin eso, el día no estaría completo.
Eso
a Kaoru la molestaba mucho, pero con solo ver a esa persona de cabellos color
fuego, todo estaba bien. Su malhumor se iba instantáneamente, aunque a veces
también se enojaba con él. Ella sabía que Kenshin hacía todo lo posible para
que ella no explotara, y lo apreciaba mucho, pero no tenía coraje para decírselo.
Pensaba que él era muy dulce, y nunca se quejaba de nada, no sabía si era para
ser amable o para que ella no lo regañara. De todas maneras estaba consiente de
que su oficio siempre sería el de proteger a la gente, y que lavar ropa no iba
a hacer mucho por el mundo, pero Kenshin nunca se quejaba. En parte, esto
molestaba a Kaoru, ya que Kenshin siempre decía a todo que sí, y parecía no
tener opinión propia; pero por otro lado, le gustaba mucho tenerlo en el dojo,
sabiendo que estaba con ella, y no peleando con algún enemigo del gobierno.
También pensaba que estaba siendo un poco egoísta al quererlo para ella sola,
pero ella nunca había amado a alguien de esa manera y querer estar con él no
era pecado.
Kaoru
dudaba cual era el afecto que Kenshin le tenía, no sabía si era afecto como
una hermana, como una amiga o... como algo más. Deseaba que fuera esto último,
pero era bastante difícil saber lo que Kenshin pensaba, y sobretodo en esos
temas. Cada vez que lo miraba tenía ganas de abrazarlo y decirle lo que sentía,
pero inevitablemente estas dudas venían a su mente, y no le gustaba sentirse así,
y de alguna forma, Kenshin siempre sabía lo que ella pensaba, y entonces dejaba
de lavar la ropa para darse vuelta y sonreírle dulcemente a Kaoru, cuya cabeza
se despejaba de inmediato.
Kenshin dudaba también, pero no solo por si Kaoru le correspondía, sino por no merecerla. Temía mucho que si ellos llegaban a estar juntos, su pasado se interpondría y destruyera su amor. Por eso el siempre temeroso vagabundo mantenía una cierta distancia con ella. Y eso le partía el alma. Cada vez que oía su voz su cuerpo y su corazón le gritaban que la besara, que le confesara todo lo que sentía y que la hiciera suya, pero luego venía el asesino dentro de él que le hacía recordar las razones por las cuales no debería. Kenshin vivía en una lucha constante consigo mismo, y eso lo estaba destruyendo.
Todas
estas dudas se esfumaban con tan solo mirarse a los ojos.
Todas
las personas que los conocían sabían que había algo entre ellos, y querían
hacer algo para ayudarlos, pero ni sus mejores amigos podían acelerar un poco
las cosas. Sano y Yahiko ya no aguantaban más. El mirar a esa pareja que se
amaba profundamente y no poder hacer nada para ayudarlos los volvía locos. Cada
milímetro de sus cuerpos gritaba a cada segundo del día “Haz algo”. Pero
el “Haz algo” no funcionaba con Kenshin y Kaoru. Sano decía que eran como
dos piedras pegadas al piso, y que una no se movería hasta que la otra lo
hiciera primero. Él pensaba que Kenshin y Kaoru eran idénticas a las piedras
que se encontraban en los caminos de Tokio. “Si no pateas una, no se moverá”
decía constantemente a Yahiko. Siempre que Sano mencionaba esto, Yahiko pensaba
“Lástima que la primera piedra que se tiene que mover sea Kenshin”.
Y
con mucha razón, ya que si fuera Kaoru la primera, se tiraría a los brazos de
Kenshin, y se fundirían en un apasionado beso, ya que ella solo necesitaba
confirmar lo que Kenshin sentía por ella. Por el contrario, Kenshin, solamente
pensaba en que no podía acercarse a Kaoru por su endemoniado pasado. Era lo único
en lo que pensaba. Ah! Y en que no la merecía, claro está. Kenshin se
castigaba más y más por no poder estar cerca de ella, y sabía que no podía
hacer nada para evitarlo. "Soy un asesino" se decía para alejar sus
pensamientos de lo hermosa que Kaoru era.
Kaoru
ya se estaba cansando un poco de este juego de sonrisas y sonrojos, no es que le
molestara, pero ella quería algo más, como toda chica enamorada, y no quería
esperar hasta el día de su muerte para conseguirlo, así que preparó un plan.
Parecía ser que funcionaría, bueno, eso les pareció a sus amigos, quienes
estaban muy emocionados de que la situación avanzara. Le dijo a Sano y Yahiko
que se fueran del dojo, y que si veían a alguien ir hacia allí que no lo
permitieran. Sano y Yahiko asintieron muy gustosos, pues ya sospechaban cuales
eran las intenciones de Kaoru. Luego, Kaoru habló con el doctor Gensai para que
se llevara a Kenshin a algún lugar y que volvieran en la noche, y así lo hizo.
Estando
sola, Kaoru preparó toda la casa, y se preparó ella misma. Se dio un baño, se
puso un kimono azul con pétalos de rosa alrededor de su espalda y se dirigió a
la cocina para preparar la cena. Mejor dicho, para servir la cena que Megumi había
hecho por ella. Quería que todo fuera perfecto, y si la comida estropeaba la
cita, jamás se lo perdonaría.
El
plan iba perfectamente bien, y ahora solo faltaba el ingrediente principal:
Kenshin, quien en el camino de vuelta al dojo se vio extrañado por no sentir
los gritos de Yahiko pidiendo comida, o cosas o personas volando por los cielos,
o las discusiones entre Sano y Megumi, quien casualmente venía seguido al dojo.
Y él sabía el porque. Se rió al recordarlo. Megumi, un par de días atrás,
le había confesado a Kenshin su amor por Sano y no sabía si era correspondido,
así que Kenshin, para que tuviera un momento a solas con él, la invitó varias
veces al dojo, pero parecía ser que Sano estaba en la luna, ya que ni notaba la
presencia de Megumi, quien se arreglaba constantemente para impresionarlo.
Kaoru
sabía que Sano se hacía el distraído, y que cuando Megumi miraba para otro
lado Sano se ponía colorado como el cabello de Kenshin. Y falta mencionar super
nervioso.
Kenshin
se rió de vuelta al recordar estas escenas y charlas con sus amigos, pero seguía
extrañado de que no hubiera ningún ruido en el dojo, así que entró
cuidadosamente, tratando de pensar positivamente, pero a la vez, temiendo lo
peor. Pero cuando puso un pie dentro del dojo sus ojos casi saltan de sus órbitas,
ya que parado enfrente de él estaba una mujer hermosamente vestida. Instantáneamente
su perfume lo hipnotizó, y lo dejó medio embobado. Kenshin sabía quien era,
pero desconocía la razón de su cambio. Kenshin, al verla, le dirigió una
sonrisa nerviosa, la cual fue devuelta por una muy feliz Kaoru.
Por
alguna razón Kenshin se sentía extremadamente nervioso, y no sabía si robar
un beso de aquellos labios ligeramente pintados, o irse corriendo y tirarse de
un puente por no haber hecho lo anterior.
Kaoru,
al contrario, estaba muy tranquila al ver el efecto que ella producía en
Kenshin. Luego, se acercó a éste y le besó una mejilla. Kenshin estaba
petrificado, no recordaba donde estaba, pero creía estar en el cielo. No podía
creer que ella hubiera hecho eso. Por una milésima de segundo sintió que todo
era posible, y que tal vez hubiera una mínima posibilidad de que ellos pudieran
estar juntos. Luego, sin esperarlo, Kaoru le sujetó una mano y lo guió hacia
la cocina.
Ya en la cena, Kenshin no podía parar de mirar a Kaoru, y ella lo sabía, y le encantaba. No hablaron mientras duro la cena, ya que disfrutaban viéndose mutuamente y sonrojarse por ello. Era algo raro, ya que ambos sabían lo que sentían el uno por el otro, pero el miedo y el temor al cambio les hacía retroceder. Si solo alguien les asegurara que todo estaría bien, se atreverían a confesarse lo que hace bastante tiempo sienten.
Cuando
terminaron de comer, Kaoru se levantó y guió a Kenshin hacia afuera, para
mirar la hermosa noche estrellada que los acompañaba en su velada. Kaoru se
puso delante de Kenshin, e insegura tomó sus fuertes brazos y los puso
alrededor de su cuerpo, mientras su corazón iba a mil por estar tan cerca de la
persona a quien más amaba en el mundo.
Kenshin
dejó que Kaoru tomara sus brazos y cuando ella los puso contra su cuerpo él la
abrazó más fuerte. No podía creer que eso le estuviera pasando a él, al
famoso asesino, al destajador, a Kenshin.
Pero,
como siempre una parte de él no lo dejaba abrazar y amar a Kaoru con todo su
ser. Había algo que lo impedía, y eso era... su pasado.
Él no merecía amar, ni ser amado. Y el tener a Kaoru tan cerca desordenaba sus pensamientos, sus sentimientos, sus creencias, TODO. Esa chica podía darle vuelta la cabeza en menos de un segundo y Kenshin