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CAPÍTULO 2

Kenshin: Te preguntarás donde estoy, pero no voy a decírtelo, por el simple hecho de que vendrías a buscarme, y no quiero forzarte a hacer eso. Tu ya sabes cuales son mis sentimientos hacia ti, pero no puedo ser como tú, no puedo guardar lo que siento adentro mío. Siento rabia, impotencia, abandono de parte de ti y por ti, pensé que yo era más que una chiquilla para ti y me equivoqué, y lo siento, lo siento mucho, no quise ponerte en una posición tan incómoda. Sé que te dolió decirme que no me amabas, pero no más que a mí. Siempre te amaré, y , por favor, no trates de buscarme. Déjame vivir mi vida. 

Adiós, Kaoru

 

"No lo puedo creer" "Ka... Kaoru se fue, p... pero ella nunca nos dejaría" 

Sano y Yahiko estaban inmóviles. Se negaban a creerlo, y al principio creyeron que era una broma. Pero al no ver a Kaoru por los alrededores y a Kenshin en estado catatónico, descubrieron la terrible verdad. Se preguntaban qué había pasado aquella noche, y ¿cómo Kenshin fue capaz de renunciar al amor de Kaoru?. Y principalmente, ¿por qué?, ellos ya sabían que Kenshin no quería ponerla en peligro, pero pensaron que si alguno de ellos confesaba su amor, ese miedo desaparecería. También estaban preocupados por Kenshin, quien parecía haber sufrido una herida tan profunda y con el mismo dolor que la muerte misma, y era cierto, estaba en su corazón, y por segunda vez.

Kenshin estaba encerrado en su cuarto, con una inmensa depresión. Se negaba a ver la verdad, estaba cegado por una pantalla de ilusiones de que Kaoru volvería con su enorme y brillante sonrisa diciendo que había salido para comprar algo y todo estaría bien, que todo volvería a la normalidad. Pero al pasar el tiempo y no ver a Kaoru se dio cuenta de que no volvería. Definitivamente se negaba a confiar en lo que decía una carta, quería oír lo que Kaoru quería decirle, lo que tenía que decirle. Quería buscarla desesperadamente, aunque no se le ocurría ningún lugar en especial en el cual comenzar su búsqueda. Aunque a la vez, no quería buscarla, ya que fue lo único que ella le pidió, pero necesitaba tenerla a su lado, necesitaba decirle la verdad. La necesitaba. Quien se hubiera imaginado que un experto asesino, que se había convertido en vagabundo y encontrado su forma de redimirse por sus acciones, necesite ahora desesperadamente de alguien. Pero él de verdad necesitaba de ella. Pensó en buscarla y confesarle lo que su corazón no pudo aquella noche, pero estarían en una situación diferente ahora. Ella seguramente pensaría que Kenshin estaba siendo muy amable por decirle eso, y que era solo para que volviera al dojo, ya que Yahiko quería entrenar o algo así; pero no era así, era lo que él en verdad sentía. Quería ir, pero su cuerpo estaba muy impactado por la noticia, y no tenía fuerzas para mantenerse en pie. Las ganas de morirse en ese instante recorrían su cuerpo. No aguantaba no tener a su amada cerca. Trataba de que nadie lo viera así, pero éste era uno de esos casos en que la actuación no sirve.

Megumi estaba muy preocupada por el estado en que se encontraba Kenshin. Le sugirió un par de medicinas e innumerables tranquilizantes y sedantes para que pudiera dormir un poco, ya que en los pasados 3 días no había comido, ni dormido, ni hablado. Pero Kenshin no escuchaba, estaba en su propio mundo, encerrado, solo, desesperado... por ella. Por la única persona en el mundo que lo hacía sentir de esa manera, como si viviera en un sueño. En ese momento nada era más importante para Kenshin que Kaoru. Y no le importaba como se sintieran los demás, ya que ellos no conocían la historia completa, solo conocían las mejores partes, e ignoraban aquella noche. ¿Por qué? ¿Por qué le había mentido? Y sobretodo a ella, a la única persona que jamás pondría en peligro, pero que innumerables veces había sido inevitable. ¿Por qué a la única persona que estuvo con él en todo momento, bueno y malo?

En los siguientes días parecía como si Kaoru hubiera muerto y hubiera llevado a todos con ella. Un terrible silencio recorría el dojo todas las mañanas desde ese día. Los vecinos se extrañaban, y a menudo tocaban la puerta, pero nadie atendía. Parecía como si nadie viviera allí, como si la casa hubiera sido abandonada de repente. Y en parte así era, ya que en ese dojo que una vez fue hermoso, ya nadie tenía ganas de vivir. No sin ella.

Megumi pensó que este lamento eterno no terminaría y decidió que era hora de un cambio, así que los llevó al Akabeko a cenar. Como todo parecía ir igual que en el dojo, Megumi inició una interesante conversación acerca de uno de sus pacientes con una ligera obsesión por los animales. Comentaba lo gracioso que era, y al decirlo notó una leve mueca en la cara de Sano. Se rió por ello, y le dirigió una gran sonrisa, y le dijo que él era más gracioso que su paciente, y más lindo también. Sano se sonrojó un poco por ello, y decidió a ir a tomar un poco de aire. Era la primera vez en su vida que había perdido el apetito, igual que el resto de sus amigos, pero cada uno tenía sus razones. Megumi también sentía la ida de Kaoru, pero prefería no decir nada, para concentrarse en subirles el ánimo a todos los demás. Pero sus planes iban mucho peor de lo que ella esperaba. Y pensar que Kaoru estaba tan cerca.

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Por su parte, Kaoru estaba exhausta de tanto recordar, de tanto llorar, de tanto amar. Estaba harta de no recibir lo que merecía. Amor. Eso era lo que ella quería. Y ahora que estaba libre para buscarlo, tenía miedo. Miedo de no encontrar a alguien como Kenshin. Mejor dicho, mejor que Kenshin. Ahora era su hora de vivir, e iba a hacer las cosas a su manera. Era hora de enfrentar la vida, de dejar el pasado atrás, ese pasado que le retorcía el alma de dolor... y de amor. Recordó a esa persona, la única que había amado en su vida, además de su padre, la única que la protegió, la única que la ayudó. Sin saberlo comenzó a llorar, no sabía que en los primeros segundos de su huída lo extrañaría tanto. Estuvo así todo el viaje, desde Tokyo a Kyoto. 

Se dirigía a la casa de Misao, ya que era la única que la entendería, ya que ella pasaba por lo mismo con Aoshi, aunque la situación entre ellos era un poco diferente, tal vez porque Aoshi miraba de manera diferente a Misao de la que Kenshin mira a Kaoru. Aunque se la cantidad de años que se llevan es casi la misma, pero bueno, eso no es lo importante.

Cuando ya le faltaba muy poco para llegar, Kaoru se detuvo frente a un lago, se sentó, miró la tranquila agua meciéndose de un lado al otro por el efecto del viento; era un ambiente sumamente tranquilo, pero esa tranquilidad fue interrumpida en la mente de Kaoru cuando recordó por milésima vez todos los hermosos momentos que había pasado junto a Kenshin, cuánta felicidad le había dado. ¡Que lindos recuerdos! "Pero él no me ama", pensó, y comenzó a llorar.

Al llegar la noche, Kaoru decidió ir a la casa de Misao de una vez por todas, y explicarle lo sucedido. Se paró, y caminó unas pocas cuadras hasta llegar a esa casa en donde habían sucedido tantas cosas, vinculadas con Kenshin y su pasado, por supuesto. En ese momento se puso a pensar el porqué cada vez que Kenshin era atacado tenía que ver con su pasado. En su vida cotidiana, ese pasado estaba muy presente, y atormentaba a todos los habitantes del dojo. Ojalá pudiera decirle ahora a su padre que se había enamorado de uno de los mejores y más hábiles asesinos que el Japón haya tenido jamás. Sonrió al pensar la cara que su padre hubiera puesto. Ya parada en la puerta de la casa de Misao, le dio un poco de nostalgia volver a aquel lugar, pero a algún lado tenía que ir, y ya que no tenía ningún pariente, y su única amiga fuera de Kyoto era Misao. Se sintió un poco patética al no conocer muchas personas, y tener tan pocos amigos. "Pocos pero buenos" Pensó. Y tomando todo el aire que sus pulmones podían contener tocó la puerta, y a los pocos segundos, Misao abrió. 

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Mientras tanto en el Akabeko las cosas seguían igual, fue una de las veladas más horribles que Megumi hubiera tenido en su vida, si es que no era la peor. Ya cansada del molesto silencio que la rodeaba, decidió salir un poco, a aclarar su mente, y pensar un nuevo plan para alegrar a sus amigos de piedra, o más bien, a sus amigos muertos. 

Al salir se topó con Sano, que estaba por entrar, quien se sorprendió de tener a Megumi tan cerca. Sano había estado pensando en lo que sucedió entre Kaoru y Kenshin, y esperaba que no le pasara lo mismo con Megumi. Aún no tenía muy claro como se sentía con respecto a ella, pero algo en su interior se alarmaba cada vez que la veía, y lo dejaba sin aire. Le encantaba tenerla cerca, era como si todo su cuerpo estuviera en el completo éxtasis con solo verla, y un poco comprendió lo que Kenshin sentía. Si algo le llegaba a pasar a Megumi, él no dudaría en seguir sus pasos, aunque lo llevaran al suicidio, o algo así. Se sorprendió un poco al pensar esto. ¿Estaría dispuesto a dejar de vivir por... Megumi? Tal vez sí...

"¿Quieres dar un paseo conmigo?" Le dijo a Megumi, quien asintió gustosa. Era el primer acercamiento formal que habían tenido, y sin insultos en el medio. Sano estaba dispuesto a no dejarla ir, y ahora más que nunca rezaba para que su destino no fuera el mismo que el de Kenshin, por quien estaba sumamente preocupado. Megumi estaba muy extrañada por la invitación de Sano, pero no dudó en decirle que sí. Y así comenzaron a caminar hacia un hermoso lago. Sano se sentó, y le indicó a Megumi que hiciera lo mismo.

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Su sorpresa fue tan grande que se quedó sin aire, y luego de unos segundos comenzó a toser estridentemente, hasta que se percató que la persona que estaba en frente suyo era real, era... Kaoru.

La abrazó con todas sus fuerzas, y Kaoru le mostró una delicada y amplia sonrisa en agradecimiento. Luego, le pidió a Misao hablar con ella, y ésta última se extrañó de que hubiera ido ella sola. Misao la guió hasta su cuarto, y le indicó que se sentara, y preocupada le preguntó que estaba pasando y porqué había venido ella sola. Sin poder evitarlo, lágrimas se asomaron a los ojos de Kaoru, y le contó a Misao todo lo que había pasado, incluso lo que aquella noche. 

"No puede ser" Dijo Misao impactada. "Pero Himura sí te ama"

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"¿En qué estás pensando? Estas muy callado"

"Estoy pensando en el cruel destino que están viviendo Kenshin y Kaoru"

"No te preocupes por ello... ya lo resolverán, pero nosotros tenemos que apoyarlo en todo lo que podamos"

"¡Sí, pero no me gustaría que me pasara a mí!"

"Pero no será así Sano, ¿por qué dices eso?"

"Por nada"

"No te enojes. Mejor será que me vaya, tienes muchas cosas en tu cabeza, y francamente no tengo ganas de empezar una pelea en este momento"

"¿Qué momento? Si parece ser que no te importa un comino que Kaoru se haya marchado. Tal vez porque ahora podrás tener el camino libre con Kenshin"

Esto fue seguido de una estridente cachetada en la mejilla derecha de Sano, quien se quedó paralizado por la reacción de Megumi. "Eres un idiota, por supuesto que estoy mal por la partida de Kaoru, ella era como una hermana para mí, y ahora no está" Dijo con lágrimas en su ojos, y sin esperarlo se puso a llorar desconsoladamente. Sano seguía en shock, no se imaginaba que Megumi pudiera considerar a Kaoru como algo más que la chica de la cual Kenshin estaba enamorada, o su competencia. Se sorprendió aún más cuando ésta empezó a llorar, y sin pensarlo, se levantó, la agarró por la cintura atrayéndola hacia sí mismo, abrazándola tiernamente. Megumi comenzó a decir "Lo siento" repetidamente por haberle pegado, y Sano la separó un poco y le puso un dedo en sus labios, como señal de que todo estaba bien. Megumi como respuesta, retiró el dedo de Sano y acercó su cara a la de él, y lo besó suavemente.

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"Todavía no lo creo" Seguía diciendo Misao confusa. Ella sabía cuales eran los sentimientos de Kenshin hacia Kaoru, y simplemente se negaba a aceptar lo que Kaoru le había contado instantes atrás. "Es imposible".

Kaoru se retorcía más y más al hablar de ese doloroso momento, tal vez el más doloroso desde la muerte de su padre. Sin saberlo, una lágrima se deslizó suavemente por su mejilla, seguida por otra, y otra, hasta que sus deseos de verlo la dominaron y empezó a llorar. Misao no sabía que hacer. Pensaba que si traía a Kenshin tal vez todo estaría bien, pero eso destrozaría a Kaoru completamente. Estaba entre la espada y la pared. La abrazó. En ese preciso instante Aoshi entró a la habitación, y vio la desoladora escena. Preguntó que pasaba, y Misao le contó mientras Kaoru se iba adormeciendo con tanto dolor en el alma.

"¿En serio?" Dijo él al escuchar toda la historia. Se extrañó horriblemente al escuchar que Kenshin había rechazado a Kaoru. En su cara se formó la misma expresión de sorpresa que el la de todos los demás. Era bastante predecible su reacción, ya que todos los que oyeron lo del desafortunado incidente la habían tenido en sus caras antes.

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En el Akabeko, Kenshin seguía sin decir palabra, estaba muy ocupado tratando de averiguar si Kaoru tenía amigos o parientes en otras ciudades, y se le vino un nombre a la cabeza. ¡Claro! ¡Ahí debía haber ido! ¡Misao!

De repente, una pizca de esperanza y alegría se asomó a su cara, y todos los presentes fueron testigos de ello. Kenshin, por fin había sonreído, ligeramente, pero lo había hecho. Bruscamente, se levantó de la mesa y salió corriendo hacia el dojo, empacó algo ligero y dejó una carta explicando todo, pero con un detalle al final. Un "Volveré", como señal de que no haría lo mismo que Kaoru. También escribió adonde se dirigía, pero no podía esperar a que llegaran para contarles su plan, tenía que aprovechar el tiempo. Tenía que ver a Kaoru lo antes posible. Tenía que hacer lo que mejor sabía, pedir perdón y redimirse por sus actos. Justo cuando salía del dojo a toda velocidad, una imagen se le cruzó por la mente, una imagen de cuando Kaoru le había confesado su amor por él. Sonrió levemente, y pensó: "Fui un tonto, pero no se repetirá, te lo prometo Kaoru"

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El beso fue largo y apasionado. Ninguno de los dos había pensado jamás que eso ocurriría en un momento así. Pero no importaba, ya que parecía que el tiempo se había detenido para darles un respiro, y vaya que fue un respiro.

Se separaron un poco agitados por tal muestra de amor. Megumi estaba colorada como un verdadero tomate, ni pensó en lo que estaba haciendo, y cuando lo hizo fue demasiado tarde para arrepentirse. Por un momento fue la mujer más feliz del mundo, y quería seguir sintiéndose así, y pareciera como si alguien hubiera escuchado sus plegarias, puesto que Sano no dudó en corresponder aquel apasionado beso que le había robado el corazón. El beso fue aceptado por una sorprendida Megumi, quien suavemente fue quitándole la ropa a Sano, mientras éste recorría su cuello con sus besos. Ya estaba oscureciendo, así que Sano levantó a Megumi y la llevó al dojo. Aún envueltos en esa pasión, comenzaron a descubrirse y a amarse como nunca antes lo habían hecho. Para su sorpresa, Yahiko entró apresuradamente a la habitación en donde se encontraban con una carta en la mano. Se separaron inmediatamente, un poco molestos por la intromisión del pequeño, pero Sano fijó sus ojos en la carta que éste traía.

"Es una carta de Kenshin. Él... él fue a buscar a Kaoru"

 

FIN DEL CAPÍTULO 2

 

¿Y? ¿ QUÉ LES PARECIÓ? ESPERO QUE LES HAYA GUSTADO, Y ESCRÍBANME SUS COMENTARIOS, O QUEJAS O LO QUE QUIERAN Y DÍGANME SI QUIEREN QUE LO CONTINÚE, PORQUE SINO PARA QUE LO ESCRIBO, BUENO, CREO QUE PORQUE ME GUSTA ESCRIBIR, PERO ESO NO VIENE AL TEMA. JA, JA!!

TODAVÍA NO EMPECÉ A ESCRIBIR EL TERCER CAPÍTULO, ASÍ QUE NO LES PUEDO ADELANTAR NADA.

BUENO, PRIMERO QUE NADA QUIERO AGRADECER A MI AMIGA FIORELLA, YA QUE ELLA FUE LA QUE ME INCITÓ A ESCRIBIR ÉSTE FIC.

TAMBIÉN A YERSI, POR PUBLICAR MI FANFIC EN SU PÁGINA.

Y A TODAS MIS AMIGAS POR AGUANTARME CUANDO HABLO DE ANIME, PORQUE CUANDO EMPIEZO NO PARO.

BUENO, ME DESPIDO Y LES MANDO UN BESO ENORME A TODOS.

BYE

HARUDANA

danadani@hotmail.com