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Al fin,
después de mucho tiempo el cuarto capítulo está listo. Espero que sea de su
agrado y no olviden escribir su review al final!!! ;)
Este capítulo fue realizado gracias a la ayuda y apoyo de Bela. MUCHAS
GRACIAS!!!!! Sin ti nunca hubiera terminado!!
Capítulo 4
Jueves 0:15 am (madrugada)
Kenshin más que oír, sentía cada una de las palabras, casi incoherentes que
escapaban de los labios de Kaoru, mezclados con suspiros y exclamaciones de
satisfacción, de deseo. Todo aquello hacía que su sangre hirviera; estaba tan
concentrado en darle a Kaoru placer, que no sintió la puerta del apartamento
abrirse, ni tampoco al hombre con ojos como de lobo acercarse y pararse justo
detrás de él hasta que fue demasiado tarde.
Jueves 8:30 am
Aoshi supervisaba a la nueva estudiante con mucho interés. Parecía tener un
talento natural para los movimientos ninjas, sus reflejos eran buenos y su
puntería muy acertada. Con un poco de práctica aquella jovencita llegaría muy
lejos, pensó Aoshi satisfecho.
Habían estado entrenando desde hacía una hora. Y en ese corto tiempo Misao había
llegado a dominar el lanzamiento de kunais, una especie de cuchillas que se
usaban desde hacía más de 200 años.
Misao cayó de espaldas al objetivo: un muñeco de paja, que ahora tenía tres
kunais clavadas en el vientre, una en la cabeza y otra más a la altura del
pecho.
Misao sonrió con orgullo, y miró expectante al señor Aoshi.
Aoshi asintió. Había tenido dudas al aceptar a la chica dentro del equipo al
principio. Era muy diferente al resto del grupo, quienes normalmente eran gente
que ya llevaba estudiando más de la mitad de la carrera, serios y conocedores
de lo que deseaban hacer con el resto de sus vidas. No eran el tipo promedio de
estudiantes.
Cuando Aoshi vio a Misao por primera vez, creyó reconocer en ella a una de las
tantas jovencitas que intentaban entrar en el grupo sólo por estar cerca de él.
Sin embargo, ella había demostrado ser lo contrario. Las pruebas que permitían
a un nuevo miembro ingresar al grupo no eran sencillas. Consistían en dos difíciles
exámenes escritos, uno acerca de los diferentes tipos de armas, y otro sobre
historia del Japón, sobre todo de los "Oniwabanshuu"'s originales,
los cuales trabajaron de espías en las eras Tokugawa y Meiji. Misao fue una de
las 7 personas que pasaron la prueba escrita. Siete de más de 25 postulantes.
Luego vino el examen de aptitud física, donde cinco más fueron tachados de la
lista quedando solo dos: Misao y un hombre que ya cursaba el séptimo ciclo de
Arquitectura.
En los más de 20 años que tenía de formado el grupo en la Universidad de
Tokio solo una vez se había aceptado a un candidato que cursaba el primer
ciclo. Sólo una vez, y eso Aoshi lo sabía muy bien, ya que él mismo había
sido esa persona. Y estando en el tercer ciclo se había convertido en el líder
de grupo más joven que hasta entonces tuvieran los Oniwabanshuu, con solo 18 años.
Aoshi asintió con la cabeza, y de ésta forma indicó a Misao que había
desarrollado la rutina satisfactoriamente. 'Buen porte' pensó Aoshi al observar
como Misao realizaba una serie de saltos hacia atrás, parándose en las manos y
lanzando kunais al siguiente muñeco con una rapidez sorprendente.
Aoshi pudo notar el sudor corriendo por la frente de la jovencita. No llevaba
practicando con ella más que una semana, y Misao recién se adaptaba al ritmo
que llevaban en el Oniwabanshuu. El otro nuevo miembro del equipo estaba siendo
entrenado por Hanya, el numero dos del grupo y mejor amigo de Aoshi desde que el
ingresó a la Universidad, en realidad había sido por él que Aoshi había
conocido de los Oniwabanshuu.
Aoshi hizo una seña a Misao. Al verlo se detuvo inmediatamente, lista para
recibir cualquier indicación nueva que el señor Aoshi tuviera.
Aoshi se disponía a hablar cuando su teléfono celular comenzó a timbrar. Con
una rápida mirada indicó a Misao que esperara un momento mientras se dirigía
a las gradas del pequeño coliseo en el que estaban practicando. Allí estaba su
abrigo, y en uno de los bolsillos del frente su pequeño celular.
"¿Moshi, moshi?" preguntó Aoshi con su tranquilo tono de voz.
Misao, a cierta distancia de donde se encontraba Aoshi, esperaba pacientemente a
que él terminara de hablar. Observaba cada una de sus facciones; la manera en
que su negro cabello se movía cuando hablaba; la postura que él tenía,
demostraba seguridad en cada uno de sus movimientos. Y Misao estaba embelesada.
Nunca antes había conocido a un hombre como él, y no podía negarse a sí
misma que se había enamorado perdidamente, a pesar de que ella sabía que Aoshi
estaba cursando el décimo y ultimo ciclo de su carrera, por lo tanto era cinco
años mayor que ella, y que las posibilidades de que surgiera algo entre ambos
fueran remotas. ¿Pero desde cuando las probabilidades importaban a Misao?
Desde donde se encontraba pudo ver a Aoshi girar un poco; la nueva posición en
la que él estaba ahora no le permitía ver su rostro, pero le daba una amplia
vista de su espalda que ahora que no traía puesto su usual abrigo largo, esto
dejaba ver el cuerpo fuerte y torneado que él poseía.
Misao hubiera podido seguir viéndolo durante horas sin llegar a cansarse.
Aunque debía admitir que durante la hora que llevaban entrenado se había
agotado bastante, más que en cualquiera de las intensas practicas que hubiera
tenido antes en la escuela, cuando pertenecía al equipo de gimnasia acrobática.
Pero no le importaba. Aun le quedaba una hora más de practicas, y por lo tanto
una hora más de estar con su señor Aoshi, el saber eso le daba nuevas energías
para continuar con la práctica.
Aoshi cortó la comunicación que había tenido y apretó el celular fuertemente
antes de guardarlo en el bolsillo donde había estado antes, sin soltar el saco
volteó a ver a Misao.
"Misao, lamento decirte que tenemos que cancelar la sesión de prácticas
de hoy. Hay un asunto que debo resolver inmediatamente."
Misao abrió los ojos y se lo quedó mirando unos segundos sin poder articular
palabra. "A-Aoshi-sama... ¿sucede algo malo?"
"No Misao. Continuaremos pasado mañana y haremos una hora extra por la que
perdemos hoy, pero ahora debo irme inmediatamente.” Aoshi miró un instante la
forma en que Misao parecía haber perdido toda esa misteriosa energía que poseía.
Dudó un momento antes de añadir: “Lo lamento”. Para cuando terminó de
decir esto, Aoshi ya se había puesto su largo saco y había abierto la puerta
lateral del coliseo, dispuesto a salir inmediatamente. Pero un segundo antes de
cerrar la puerta, pareció cambiar de opinión y giró para hablar una vez más.
"Misao, tu sueles andar con un tal Niiyama Kenshin, ¿no es así?"
preguntó Aoshi, aunque más que una pregunta parecía una confirmación a algo
que él ya sabía.
"¿Niiyama...? Si, es un buen amigo mío, lo conozco desde hace años, es
mi vecino en Kioto... ¿Por que? ¿Está en problemas? ¿Sucedió algo
malo?" preguntó Misao alarmada. Sea lo que sea debía ser grave,
‘Aoshi-sama no suele cancelar sus citas’.
"No. No te preocupes. Te veré luego." contestó él pero antes de
poder escuchar el 'Hai' de Misao, ya había salido y se dirigía rápidamente a
su auto.
.
.
.
Hayashibara Hajime, capitán de las Fuerzas Militares Japonesas, miraba
detenidamente uno de los documentos que tenía que firmar; pero no leía el
documento, sus pensamientos se encontraban bastante alejados de su oficina en
aquel momento, estaban en aquella habitación de departamento donde había
encontrado a su hija para ser más precisos...
~~~~ FlashBack ~~~~
CENTRAL POLICIAL DE TOKYO
El Capitán Hayashibara estaba revisando uno de los reportes sobre aquel feo
asunto de drogas, cuando su teléfono celular timbró. Fastidiado por las horas
extras de trabajo y el tener que viajar a la capital de urgencia a las 10 de la
noche para trabajar de corrido toda la noche, hizo que contestara el aparato de
mala gana, cosa bastante frecuente.
Era uno de los hombres que vigilaba el apartamento de su hija. Según le
informaban, Kaoru llegó a su departamento en compañía de un sujeto masculino
desconocido, a las quince horas del Miércoles y habían permanecido juntos
desde entonces, siendo ya más de media noche.
El lobo se puso en pie inmediatamente. Sus hijos siempre eran bastante
precavidos; y él reconocía que su hija sabía cuidarse bien, pero en lo que
respecta a los ahous que solían rodearla no podía decir lo mismo.
Decidió resolver el problema personalmente, ya antes había metido a la niña
en problemas cuando en realidad no ocurría nada. Muchas veces tuvo que tragarse
sus propias palabras. La mocosa no sentía ni pizca de temor hacía su padre y
no tenía reparos en gritar o lanzar objetos contundentes contra él cuando ella
tenía creía tener razón.
Y al lobo no le gustaba cometer errores.
Llegó al departamento y habló directamente con el oficial. Éste le describió
al sujeto que acompañaba a su hija e informó lo que vio desde su puesto de
vigilancia en el edificio de enfrente; no era mucho lo que ambos habían hecho
ya que ambos jóvenes estuvieron sentados en el mismo sofá por las últimas 8
horas conversando entre sí. Según el oficial ambos parecían viejos amigos.
Hajime tiró el cigarrillo al suelo y se dirigió al edificio. Ya había
advertido a la chica que no debía tener hombres en el departamento después de
las doce, y viendo su reloj confirmó que ya eran las doce y cuarto. Como
adoraba avergonzar a su niña, pensó. Sin embargo, la descripción del sujeto
en cuestión no concordaba con ninguno de los ahous que él había conocido en
Kioto.
Se dirigió al ascensor y oprimió el botón número 5. Fue hacia la derecha, al
#502 y usando la llave maestra que siempre llevaba consigo consiguió entrar al
departamento sin hacer el menor ruido.
Su mirada se fijó inmediatamente en el sofá justo enfrente de él y ... en el
HOMBRE que estaba SOBRE su hija, SEMIDESNUDA.
La sangre se le congeló en las venas, y los ojos se le endurecieron más que
nunca. Allí estaba ese malparido con su pequeña bebé. No se detuvo a pensar;
con solo dos pasos estuvo detrás del pelirrojo. Levantó la mano izquierda y lo
jaló con todas sus fuerzas hasta alejarlo de su pequeñita, e inmediatamente
cerró su puño derecho sobre la mejilla del hombre, dejándolo inconsciente. El
chico nunca supo que fue lo que lo golpeó. Sin soltar al hijo de $#%&, se
lo llevó a rastras fuera de la habitación cerrando la puerta tras de sí,
mientras su hija trataba de reponerse de la impresión al mismo tiempo que no
atinaba a encontrar algo con que cubrirse.
El lobo condujo rápidamente por entre las calles vacías con el chico
inconsciente tirado en el asiento trasero. No tardó en llegar hasta su destino:
La Academia Militar, un centro en donde él tenía absoluto control y nadie osaría
nunca desobedecer alguna de sus órdenes.
Apenas el oficial de guardia lo reconoció lo dejó pasar, y Hajime no perdió
tiempo en estacionarse. La escuela era enorme y allí vivían cientos de
cadetes, todos ellos entrenando para algún día convertirse en militares. Él
había sido profesor allí por cinco años, y en ese corto período de tiempo
había logrado hacerse con una fama terrible. Incluso ahora, que ya no trabajaba
oficialmente allí, solía ir de vez en cuando, sólo para que los cadetes no
‘perdieran la costumbre’.
Hajime se dirigió directamente a la prisión, donde solían encarcelar a
aquellos cadetes que cometían infracciones graves.
Al entrar en la pequeña habitación que servía de antesala a las 6 celdas
pequeñas, se topó con un oficial, que apenas lo vio se levantó y cuadró
enfrente de él. Pero el lobo no se encontraba de humor para saludar a nadie.
Dejó caer su carga al suelo por un momento, mientras se acercaba al oficial el
cual temblaba peor que hoja al viento y de un solo tirón le arrancó las llaves
que traía en la cintura. El mismo abrió la puerta que comunicaba al corredor
de las celdas, retrocedió un paso, volvió a coger por el cuello al maldito
hijo de &%$#%, entró en el corredor cerrando la puerta tras él llevando al
chico cogido por el cuello de la camisa hasta la ultima celda del lado derecho.
Allí lo tiró al suelo, lo encerró y prendió un cigarrillo apoyándose contra
la pared a esperar a que el muchacho recobrara la conciencia, mientras él lo
observaba en silencio
Pasaron al menos 30 minutos y varios cigarrillos más antes de que el
desgraciado despertara. Hajime notó como antes de moverse chequeó que su
cuerpo se encontrara bien, flexionando suavemente sus extremidades. Después vio
como todo el chico se tensaba. El muchacho había notado la presencia de Hajime
en la habitación incluso antes de verlo. Bien, pensó Hajime, el ahou ha
recibido algún tipo de entrenamiento. ‘Pero eso no va a salvarte, bastardo.'
añadió furioso, y no se empeñó en cubrir éstas emociones.
El pelirrojo se levantó pesadamente irguiendo la cabeza. Un par de ojos
azul-rojizo se topó con los ojos azul-acero del lobo, pero sólo por unos
segundos. Sea quien fuera el muchacho no era un chico cualquiera. Sabía
controlar sus emociones muy bien, mejor de lo que Hajime había visto en mucho
tiempo. El chico desvió la mirada cansadamente y se retiró a la parte del
fondo de la pequeña celda, sentándose, su espalda contra la pared, con las
piernas flexionadas contra él mismo y los brazos sobre ellas y la cabeza
agachada. El capitán no podía ver más su rostro, que ahora estaba oculto,
cubierto por la roja y abundante cabellera del chico, pero logró ver, con mucha
satisfacción, que el golpe que le había dado menos de una hora antes le dejaría
una cicatriz que le duraría mucho tiempo.
Ambos se quedaron en sus posiciones por un par de horas más, ninguno de los dos
se movió, ninguno de los dos hizo ningún sonido. Hajime analizaba el ki del
joven, memorizando cada uno de los patrones que lo conformaban. Era, sin lugar a
dudas, un sujeto poderoso; sabía como controlar sus emociones y como hacerlas
desaparecer. El lobo no podía negar que se sentía interesado en el muchacho. Y
tal vez hubieran seguido de largo, sino fuera por el oficial de guardia, que
abrió la puerta que comunicaba con las celdas y nerviosamente se acercó al
lobo tendiéndole un sobre tamaño carta.
Hajime lo miró enfadado, pero cogió el sobre. El oficial dio media vuelta
saliendo rápidamente.
El lobo abrió el sobre. Dentro de él estaban varias fotografías, las cuales sólo
miró confirmando así que el sujeto que estaba en la celda enfrente de él era
el mismo al de las imágenes. Junto había varias hojas, allí se describía
clara y concisamente quien era Niiyama Kenshin.
Hajime leyó rápidamente la información, pasando del lugar de nacimiento:
Kioto; a la edad: 20 años; padres, familia, etc, etc. No había tenido nunca
problemas con la policía, era estudiante de leyes en la Universidad de Tokio,
el mejor alumno además; no se le conocían vicios, no bebía en exceso, no se
drogaba; trabajaba medio tiempo en un dojo enseñando kendo... decidió que
tendría que ahondar un poco más en eso.
Guardó toda esa información en el sobre y sin decir una sola palabra a Kenshin
salió de la sala de celdas. Afuera, se encontró con el oficial, al cual
prohibió tajantemente que nadie, bajo ninguna circunstancia hablara con el
detenido; para luego regresar a la Jefatura de Policía, siendo casi las 4 de la
mañana.
Allí encontró a su hija, parada a la puerta de la Jefatura esperándolo. Sus
ojos azules le decían muchísimas cosa. En primer lugar su hija estaba molesta,
muy molesta, y segundo, había ido allí para pelear.
El lobo no la dejó hablar. Apenas se bajó de su auto, ella se le acercó, pero
él levantó una mano indicándole que guardara silencio. Y así calladamente,
ambos se dirigieron a la oficina que le habían dado al capitán.
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Hajime miró a su hija fijamente, podía notar como tiritaba de frío. Había
estado en la calle esperándolo por más de 3 horas y solo vestía un polo
delgado. A pesar de estar en primavera eso no quería decir que en la madrugada
no hiciera un frío intenso.
“Papá... ¿donde está Kenshin?” susurró Kaoru.
Hajime no pudo evitar gruñir, el solo recordar al bastardo ese hacía que su
estómago se retorciera. “Olvídalo. No lo volverás a ver.”
Kaoru tragó saliva. Sabía que pelear ahora no la llevaría a nada. Si había
algo que había aprendido de su padre era que ella podía gritar y golpear todo
lo que quisiera... siempre y cuando ella tuviera razón. Pero sabía que en ésta
ocasión, ella traía todas las de perder. Había cometido el error de su vida
al olvidarse de las normas de su padre y ella tendría que pagarlo; pero por
ningún motivo iba a dejar que Kenshin se viera involucrado.
“Papá” volvió a intentar. “No fue su culpa. El no hizo nada malo. Si se
hubiera estado sobrepasando conmigo sabes bien que yo lo hubiera detenido...
pero, yo, yo quería... yo no estaba pensando...” Kaoru no podía evitar que
las lágrimas escaparan de sus ojos. Sabía muy bien que tipo de hombre era su
padre; sabía que Kenshin podía muy bien no salir de ésta, justo ahora en que
lo había vuelto a encontrar.
Hajime la miró. No era común que su hija llorara así. El lobo la conocía
bien, aunque ella no quisiera admitirlo. Él sabía como pensaba. Siempre había
estado orgulloso de la chica, por que a pesar de ser mujer, eso nunca la había
detenido a la hora de exigir lo que consideraba suyo. Era una mujer fuerte. E
inteligente. E increíblemente orgullosa. Y ahora estaba frente a él, prácticamente
tirando por la ventana todos esos años de demostrar autosuficiencia y perfecto
control de sí misma. Y todo por que... por un idiota que conquistó su corazón.
Hajime tragó saliva y respiró hondo. Detestaba hacerse cargo de este tipo de
situaciones. Para eso estaba su esposa. Ella debía encargarse de los niños.
“Muy bien. Empecemos por el principio entonces. Como, donde y cuando conociste
a este príncipe azul tuyo.” preguntó sarcásticamente mientras se sentaba
pesadamente sobre su silla detrás del escritorio.
Kaoru no sabía por donde empezar. Respiró hondo tratando calmarse, al menos su
padre había aceptado hablar con ella, eso era mucho más de lo que solía
conceder.
“Pues, yo... conocí a Kenshin..” Oh Dios, pensó Kaoru, esto va a sonar
feo, bien feo... “lo conocí hoy en el pasillo…” Kaoru pudo ver como la
mirada de su padre se heló de pronto. La cabeza de Kaoru le gritaba que
arreglara esa situación de inmediato. Sabía perfectamente bien que su padre se
daría cuenta si es que ella mentía, algo respecto al ki creía, pero no había
necesidad de mentir ¿ne?, solo alterar un poquito la verdad. “...
personalmente. Pero hemos estado en contacto por mas o menos dos años.”
Hajime ladeo la cabeza y escudriñó los ojos de su hija. Ella no estaba
mintiendo. “¿Quisieras explicar eso un poco más?” preguntó, intentando
aclarar tan extraña relación.
“Mmm, pues es que, yo lo conocí en... ¡en el chat!, si y... pues nos hicimos
muy buenos amigos. Y hoy lo vi en la U, al principio no lo reconocí, pero después
decidimos ir a conversar, así que fuimos a mi departamento... ¡Pregúntale a
tu espía! Estuvimos conversando TODO el tiempo, y bueno... la situación se
salió un poco de control, pero... papi, te juro que eso no vuelve a suceder.
Perdí la cabeza, sabes que no soy el tipo de chicas que no piensa lo que hace,
es solo que... Papá, ¿que has hecho con Kenshin?, ¿dónde está?”
Hajime la miró detenidamente. Había algo que ella no le estaba diciendo, pero
en general lo que su hija decía parecía ser todo cierto.
“¿Que le he hecho? ¿Por que habría yo de hacerle nada?” contestó Hajime,
mientras quitaba algunos papeles de encima de su escritorio. Podía sentir la
energía de su hija aumentar de golpe. No es que le agradara hacerla enfadar,
pero era tan gracioso tener el control y saber que no había nada que ella
pudiera hacer para evitarlo...
“¡Papá!”
“Calma niña... no voy a tocarlo. Solo seguiremos el proceso legal
correspondiente.” Añadió con la patentada sonrisa de Mibu.
“¿Pro-proceso legal? ¿Cuál proceso legal?”
“Pues pequeña...” dijo pronunciando ‘pequeña’ fuertemente, “TÚ eres
menor de edad, y él es un hombre adulto. Hay leyes que prohiben éstas cosas,
¿sabes?”
Kaoru estaba perpleja. Su padre no podía estar hablando en serio. Por un
momento simplemente no supo que contestar. “Pe-pero cumplo 18 en una
semana.” Susurró, aún confundida.
“Que lastima que no lo viste UNA semana después ¿no?” dijo Hajime
sonriendo mientras se levantaba del escritorio y salía de la habitación,
dejando a una desconcertada Kaoru mirando el vacío.
Cuando Hajime llegó a su auto disponiéndose a ir a su hotel a pasar la noche
escuchó el grito de alguien más que furioso: “OTOUSAN!!!!!!!”
Hajime rió un poco, al mismo tiempo que cogía el teléfono del auto y marcaba
un número. Cuando fue comunicado con la persona a la cual quería hablar, toda
la sonrisa que había en su rostro desapareció y fue reemplazado por la mirada
más fría que pudiera existir.
“Chou. Quiero saber todo lo que puedes encontrar de Niiyama Kenshin, sobre
todo, donde aprendió Kendo, y quien le enseñó, no quiero la basura de informe
que dan los policias. Lo quiero saber TODO, desde la primera enamorada hasta su
plato favorito, ¿entendido?” Luego colgó. La mueca que había en su rostro
hubiera asustado incluso a Kenshin.
~~~~ Fin de FlashBack ~~~~
Aoshi estacionó su auto y rápidamente se dirigió al edificio. Eran casi las 9
de la mañana, y la mayor parte de las personas que vivían allí o se habían
ido a trabajar o a estudiar. La mañana era ya cálida y parecía ser que haría
buen clima a lo largo del día.
En pocos minutos, Aoshi estaba parado frente al departamento número 502. Tocó
la puerta lenta pero fuertemente. Kaoru no tardó en abri. Aoshi la miró unos
segundos frunciendo el ceño. Se fijó en como su cabello no estaba arreglado
como normalmente solía estarlo, además se encontraba ojerosa y muy nerviosa.
Kaoru se hizo a un lado para dejar pasar a su hermano y cerró después de que
él lo hizo.
Aoshi la miró más detenidamente ahora. Era obvio para él que algo grave había
sucedido. Ya que solamente en una ocasión Aoshi había visto a su hermana tan
alterada y fuera de control. Se notaba que estaba asustada por algo, pero Aoshi
solo sabía por la llamada telefónica, que sea lo que fuere estaba relacionado
con un tal Niiyama Kenshin. Aoshi lo había visto un par de veces por la
Universidad, era amigo de Misao y sabía a ciencia cierta que el chico no tenía
mayores problemas. Pero si le había hecho algo a su hermana, entonces no pararía
hasta que ese Niiyama pagase... y lo iba a pagar bien caro.
Kaoru caminaba de un lado a otro de la habitación, incapaz de mantenerse
quieta. Estaba asustada y no estaba segura de que era lo que podía pasar, pero
entendía que si alguien podía ayudarla, esa persona sería Aoshi.
Finalmente, y reuniendo toda su fuerza de voluntad, Kaoru se sentó en el sofá
donde sólo horas antes había estado en compañía de Kenshin; y haciendo un
gesto a Aoshi, le indicó que se sentara también.
“Aoshi... ¿recuerdas la conversación que tuvimos en Yokohama? ¿Cuándo te
conté sobre, sobre mis sueños?” preguntó Kaoru, incapaz de apartar su
mirada del suelo.
Aoshi recordaba. Como olvidar la primera y única vez que su pequeña hermana
parecía haberse desmoronado completamente. En esa ocasión estuvo en Yokohama más
o menos dos semanas, y la primera de ellas Kaoru ella estuvo actuando como una
especie de robot. Aquellos días, antes de que ambos tuvieran esa charla, Aoshi
se había preguntado varias veces que había ocurrido con su pequeña y vivaz
hermana, porque aquella mujer era más bien una desconocida.
“¿Estás teniendo esos sueños otra vez Kaoru?” preguntó preocupado. No le
agradaba la idea de tener que llevar a su hermana pequeña ante un psicólogo,
pero tal vez era hora de buscar ayuda profesional.
“No... ¿recuerdas que te conté sobre un chico? ¿Aquel que no podía olvidar
incluso despierta?” al ver a Aoshi asentir con la cabeza, Kaoru continuó.
“Yo, yo lo encontré Aoshi. Es Niiyama Kenshin, es el mismo chico de mis sueños...”
Kaoru vio a Aoshi abrir la boca para replicar, ella sabía que era lo que él
iba a decir, que todo era una locura, que eso no podía ser. “Es verdad Aoshi,
lo juro es él. Y él también recuerda quien soy. Me lo dijo. Estuvimos ayer
conversando sobre todo lo que ha ocurrido, sobre quienes éramos ahora y sobre
los amigos que teníamos en común. Ellos también están aquí, aunque ninguno
recuerda nada.”
Aoshi cayó las preguntas y dudas que tenía en aquel momento. Eso era
simplemente ilógico y no podía ser.
“Pero ayer, pues estábamos tan entretenidos conversando que la hora se me pasó
sin darme cuenta, y olvidé por completo que papá me había dicho que no
tuviera chicos más allá de las doce. Kenshin y yo... bueno, nosotros, ehh,
estabamos be-besándonos, y ahh, vino papá. Y ahora él tiene a Kenshin
detenido y dice que lo va a acusar de sobrepasarse con una menor de edad...
Aoshi que hago, tienes que ayudarme.” Terminó Kaoru con lágrimas corriéndole
por los ojos.
Aoshi la miró en silencio por un largo momento, antes de preguntar: “¿Te
acostaste con él?”. Le dolía preguntar, pero tenía que saber la verdad, y
no creía que su padre arrestara a alguien por be-besar, como lo había puesto
Kaoru.
Kaoru se sonrojó intensamente, pero al mismo tiempo negó con la cabeza.
“Nosotros no, nosotros estabamos, no llegamos a eso.” Respondió Kaoru
cabizbaja, estaba avergonzada de sí misma. ¿Como pudo olvidarse de sus
principios solo por un chico?, claro que era el chico por el cual había
esperado más de cien años, pero aun así... Kaoru suspiró, si quería la
ayuda de Aoshi, tendría que contarle todo.
.
.
.
“Después de que papá se fue me quedé un rato pensando sobre que hacer,
estuve dando vueltas por la calle sin saber que hacer o a quien recurrir. No sé
si deba hablar con mamá, y luego recordé que tu sabía sobre él. Aoshi –
dijo Kaoru con lágrimas en los ojos –tienes que ayudarme… por favor. No fue
su culpa, te juro que no lo fue, Kenshin nunca me habría tocado si yo no se lo
hubiera permitido… por favor…”
Le tomó algo de tiempo, y ya eran casi las 10 para cuando terminó todo el
relato. Aoshi la había escuchado pacientemente, y ahora tenía claro todo lo
que había ocurrido, desde la tarde anterior en que ambos se habían encontrado
en el pasillo del cuarto piso de ingeniería, hasta esa mañana, en que Kaoru
salió de la oficina de su padre y regresó a su departamento, deprimida y
asustada, y lo primero que hizo fue llamar a su hermano por consejo y ayuda.
“No sé que es lo que nuestro padre piense hacer con Niiyama, Kaoru, pero voy
a intentar averiguarlo. Lo más probable es que ahora esté encerrado en algún
lugar; la escuela militar es el lugar más probable, pues allí nadie cuestiona
la autoridad de Otousan. Intentaré hablar con él. Ver que es lo que va a
hacer. Mientras tanto toma un baño, come e intenta dormir. Yo me ocupo de
todo.” Dicho esto Aoshi se levantó, se acercó a Kaoru y le dio un beso en la
frente mientras acariciaba su negro cabello. “No te preocupes Imouto, todo va
a salir bien.” Dijo mientras daba una de sus casi-sonrisas.
Kaoru suspiró aliviada y se abrazó a su cintura cariñosamente. Asintió con
la cabeza mientras se levantaba para acompañar a Aoshi a la puerta, para luego
cerrarla cuando él se hubo ido.
Kaoru miró alrededor. Ahora se sentía mejor. Sabía que podía confiar en su
hermano. Pensó en lo que le había dicho, mientras se dirigía al cuarto de baño,
dispuesta a sumergirse en la tibia agua de la bañera, pero antes de llegar a
tocar el pomo de la puerta algo que había dicho Aoshi le vino a la mente: Lo más
probable es que ahora esté encerrado en algún lugar, la escuela militar es el
lugar más probable, pues allí nadie cuestiona la autoridad de Otousan.
Kaoru sonrió y dio media vuelta en dirección al teléfono.
Un par de minutos después tenía apuntado en un papel la dirección que la
operadora le había dado. La Escuela Militar estaba como a una hora de
distancia, lo mas probable era que no la dejaran entrar, pero ella iba a tomar
el riesgo. Tenía que ver a Kenshin. Y tenía que hacerlo ya.
La mirada de determinación que tan bien conocían su hermano y su padre se había
vuelto a formar en su rostro. Kaoru salió decidida a todo cerrando la puerta
tras de sí.
Continuará...
Y bien?? Qué les pareció?? Sinceramente a mi no me convence mucho éste capítulo,
pero de verdad que me he esforzado bastante.
Esperen mucho WAFF para el próximo capítulo!!!!
Ahhh, y por si acaso:
- Moshi moshi significa “Aló” se dice cuando se contesta el teléfono.
No se olviden de escribirme lo que piensan de éste capítulo!!!!