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Al fin!!!!
Éste capítulo está aquí gracias a mi querida amiga y editora Bela Brower.
Gracias BELA!!!!
Capítulo 5: La Hija del Lobo
Kenshin caminaba de un lado a otro dentro del reducido espacio de la celda en la
que se encontraba. Pensaba frenéticamente en todo lo que había ocurrido en las
últimas 12 horas, y en que era un idiota. No tenía la menor idea de que era lo
que tenía que ver Saitoh en todo esto. Quizá era, pensó, que el Lobo de Mibu
tenía como él los recuerdos de su vida pasada, y eso no era nada bueno. ¿Cómo
era que el lobo lo había encontrado? O más importante, ¿por qué reaccionó
de la manera en que lo hizo? Había estado furioso, de eso Kenshin no tenía
duda, pero la razón, Kenshin no la sabía.
El pelirrojo se detuvo un momento. Llegaban extraños murmullos del exterior.
Trató de escuchar, pero las voces eran demasiado bajas.
.....
“¿Sabe usted quien soy yo?” Preguntó Kaoru imitando increíblemente bien
esa fría voz que su padre solía usar cuando se molestaba.
Casi no había tenido problemas para entrar en la escuela, con la excusa de
visitar a su padre. El guardia que estaba en la puerta, no puso muchas
objeciones al enterarse de a quien quería ella visitar, el capitán era MUY
bien conocido dentro de la escuela. Como nunca se guardaba un registro de si el
capitán entraba o salía del recinto, Kaoru pudo convencerlo fácilmente de que
la dejara pasar. Pero mantenerse serena y sonriente, como cualquier hija
visitando a su padre, había acabado con su paciencia, y ahora la estaba pagando
el pobre oficial que cuidaba las celdas. Aquí Kaoru se encontraba con un
problema mayor, pues estaba prohibido para civiles entrar hasta allí, y mucho
menos visitar a los detenidos.
Kaoru pudo ver con satisfacción como el sargento temblaba enfrente de ella.
Sonrió para sí misma. Claro que el pobre oficial sabía quien era, pensó
maliciosamente, pero no importaba, se lo pondría más claro aún.
“Soy la hija del Capitán Hayashibara Hajime” dijo avanzando un poco más
hacia el militar y levantando la cabeza para poder verlo a los ojos.
El sargento era, por lo menos, una cabeza más alto que Kaoru, pero por la
manera en que sudaba y temblaba, no parecía no notarlo.
Kaoru le obsequió su mejor imitación de la sonrisa de lobo, respiró hondo e
intentó relajarse. Hizo memoria de todo lo que había aprendido de la domadora
del lobo, como llamaban a su madre. Sip, tal vez sería mejor tranquilizarse un
poco y tratar de razonar las cosas con el guardia.
“Pues ya que nos hemos presentado y todo...” dijo amablemente, “¿Podría
hacerme el favor de abrir esa puerta? Necesito ver al hombre que tienen preso,
es un asunto muy importante y ‘personal’ –dijo subrayando esa palabra y
lanzando al oficial su mejor sonrisa- “Por lo que no dejará entrar a nadie
mientras yo estoy adentro. Sé que mi padre y yo estaríamos muy complacidos”
agregó Kaoru con un brillo en los ojos que hizo al sargento temblar peor que
gelatina al pensar que ocurriría si la hija del Capitán no estaba
‘complacida’.
“Se-señorita Hayashibara...” comenzó a decir el sargento.
“Oh vamos, no seamos tan formales, solo Kaoru por favor.” Interrumpió.
El militar tragó saliva, esto no le gustaba nada nada. Todo era muy extraño.
El solo había comenzado su turno un par de horas atrás, pero antes de que su
relevo se fuera le había advertido sobre el prisionero que había adentro. Según
este, el mismísimo Capitán Hayashibara, conocido a nivel nacional como el Lobo
de Mibu, terror de los cadetes, portador de más medallas por servicios
especiales que ningún otro y que había rechazado su ascenso en dos ocasiones
ya, pues decía que el nunca se convertiría en un vejestorio de escritorio; había
llevado la madrugada anterior a un hombre inconsciente y lo había metido en una
celda prohibiendo “rotundamente” que nadie lo viera o hablara con él.
Y ahora estaba aquí, justo frente a él la hija del lobo pidiéndole entrar a
la celda. ¿Porqué no se había quedado en la cama con Miori ese día? El pobre
sargento no lo sabía.
“Bueno, ejem, Kaoru-san su padre dijo que nadie...”
Ohh genial, Kaoru el oficial no la iba a dejar entrar. Pues bien, ella había
tratado de ser amable, pero no contaba con lo que solía llamarse
‘paciencia’.
“Mire Sargento. Vamos a hacer las cosas más fáciles para usted y para mí.
Voy a ver a ese hombre y si alguien le pregunta porque me dejó pasar pues le
responde que lo obligué. ¿Entendió sargento?” contestó Kaoru frunciendo el
ceño.
El oficial no pudo evitar sonreír ante las palabras de Kaoru.
“¿Obligarme?” repitió el oficial confuso, dudando que aquella jovencita
hablara en serio. Después de todo, él era mucho más alto que ella, y mucho más
fuerte. La chiquilla no sabía cuan bien eran entrenados los futuros militares
allí, cuantos ejercicios recibían sobre defensa y ataque, además de los
cursos de supervivencia, básicos por supuesto, ésta era la escuela de cadetes
después de todo, pero aun así, estaba orgulloso de ser uno de los mejores en
los deportes.
“Si Sargento” contestó Kaoru con un tono de voz muy serio y sin ninguna
sonrisa en los labios. “Desea que le muestre que tan bien entrenada está la
hija del lobo?”
El Sargento tragó saliva y retrocedió rápidamente. Había sido su imaginación
o los ojos de la chica habían cambiado de color por un segundo? ¿Y porque de
pronto la habitación estaba tan fría?
....
Kenshin aguzó el oído intentando captar algunas de las palabras, pero fue en
vano. De pronto sintió una poderoso ki explotar. Fue rápido y breve, pero muy
intenso. Por unos segundos dudo que realmente hubiera sucedido tal cosa, porque
la energía que había sentido era absolutamente familiar. Pero eso no era
posible, ella no podría... ¿o si?
Un segundo después la puerta que comunicaba con las celdas se abrió, y un
oficial apresuradamente se hizo a un lado para dejar pasar a la persona que
estaba detrás de este.
Kenshin miró al oficial, tenía el ojo izquierdo hinchado y el labio partido,
además de caminar con una mano sobre su estómago dolorido. ¿Pero que le pasó?
pensó Kenshin sorprendido. Instantes después Kaoru entraba a la habitación
mientras que el sargento se cuadraba. Ya firme hizo una reverencia y salió
cojeando, cerrando la puerta tras de sí.
Kaoru miró alrededor, se encontraba en un corredor no muy bien iluminado y
colindaba con 6 celdas aproximadamente, y en la última de ellas estaba la
persona que ella estaba buscando.
“¡¡Kenshin!!” gritó feliz, mientras corría hasta la celda.
Kenshin sonrió al verla e inmediatamente se acercó a ella. La reja de su prisión
los separaba, pero eso no le impidió abrazarla fuertemente. Había estado
preocupado por ella, ¿quién sabe que cosas podría hacerle Saitoh? Podía
sentirla temblando entre sus brazos, y preocupado se alejó solo un poco, lo
suficiente como para poder verle el rostro. Pero Kaoru tenía la cabeza
agachada, y se negaba a verlo directamente a los ojos.
Kenshin la miró confuso, y con su mano levantó su barbilla, sorprendiéndose
de encontrar su bello rostro cubierto de lágrimas y sus ojos fuertemente
cerrados, pero aun así Kenshin pudo notar cierta expresión de... ¿Culpa? Pensó
Kenshin preocupado.
“¿Kaoru?” preguntó sin soltar su rostro.
Kaoru abrió los ojos lentamente. “Siento mucho que esto halla sucedido”
susurró, mientras con un gesto señalaba la celda. “Todo es mi culpa, lo
siento mucho...” agregó, su voz entrecortaba, y con nuevas lágrimas
corriendo por sus mejillas.
Kenshin la miró confuso, ¿cómo podía ser todo culpa de Kaoru? Pensó. “¿A
qué te refieres? Y...” añadió dudando un poco, mientras que su rostro se
tornaba rojizo “... ¿que ocurrió anoche exactamente…? No… no recuerdo
muy bien.”
Kaoru bajó la vista avergonzada, el mismo tono escarlata cubría también su
cara. “¿Qué es lo último que recuerdas, Kenshin?” preguntó, ya
imaginando cual sería la respuesta.
“Pues, ambos estábamos –ejem- besándonos y... mm, nada, de allí no
recuerdo nada más. Solo que desperté aquí y...” su tono de voz cambió a
uno mucho más frío antes de continuar “Saitoh también estaba aquí.”
“¿Oh dios. Te hizo daño Kenshin?” Preguntó Kaoru alarmada, viéndolo
detenidamente y asustándose aun más al notar, por primera vez desde su llegada
a las celdas, la horrible marca del golpe, que ahora estaba morado e hinchado.
“No, no me hizo nada. Solo estuvo ahí” dijo señalando con la cabeza el
lugar donde Hajime estuvo parado, “Y luego se fue, eso fue como a las dos o
tres de la mañana, desde entonces nadie más a entrado.” Kenshin notó como
una mirada de alivio reemplazó las previas expresiones en el rostro de Kaoru.
Con una de sus manos acarició su negro cabello. Estaba un poco desordenado, y
Kenshin estaba seguro que desde la noche anterior, ella no había descansado ni
un segundo. La misma mano que antes estuvo en su cabello pasó a su mejilla. Con
el torso de la mano limpió los rastros de la lágrimas y suavemente se acercó
a ella besándola tiernamente por entre los barrotes. No podía ir más allá de
eso, las rejas lo impedían, pero Kenshin esperaba que así, Kaoru entendiera
que él no la culpaba de nada. Y por motivos más egoístas también, ¿ Para qué
negar que él deseaba besarla y sentirla cerca? Sus esfuerzos se vieron
compensados con la cálida sonrisa de Kaoru.
“Lo que no entiendo, es que tiene que ver Saitoh en todo esto, tu crees que él
recuerde algo del...” calló al sentirla temblar nuevamente, y se sorprendió
de ver como de pronto ella parecía sentir... ¿pánico?
‘Ohhh genial’, y ahora por donde empiezo?, pensó Kaoru desesperada. Pero
sabía que tendría que explicar todo tarde o temprano. “Verás Kenshin,
Saitoh... Saitoh estaba molesto contigo porque… pues porque él es mi, mi, mi
pa-padre.” Contestó casi tartamudeando las ultimas palabras. No podía
apartar la vista de sus zapatos, simplemente no tenía el valor para mirar a
Kenshin ahora. Pero después de varios minutos de silencio, tuvo que hacer
acopio de todo su valor y levantar la cabeza.
Kenshin tenía los ojos más grandes que platitos de té. Y Kaoru se sorprendió
de verlo con una mirada vacía. Pero poco a poco empezó a parpadear, y Kaoru
pudo jurar que escuchó un ‘Oroo’ por entre sus labios, pero lo dijo tan
bajo, que a pesar de que ella estaba muy cerca de él, no estaba segura de si
realmente lo había dicho, o ella lo imaginó.
Kenshin la miró con los ojos en blanco, parpadeó un par de veces intentando
convencerse de que lo que acababa de escuchar era solo un invento de su
imaginación. Para cuando se dio cuenta de que lo que había escuchado era
exactamente lo que Kaoru había dicho los ojos se le abrieron tanto que Kenshin
estaba seguro se le caerían del rostro.
‘Oh mi Dios, Saitoh NO, El lobo de Mibu, Saitoh en persona me vio ayer con SU
hija ni más ni menos, y ella estaba sin... y yo estaba... OHHH DIOS!!!. Ahora
si que voy a morir, o peor, me va a dejar aquí encerrado por el resto de mi
vida... no me dejará acercarme a Kaoru pero ni con una malla protectora de por
medio. QUE VOY A HACER!!!’ pensó Kenshin desesperado.
Kaoru podía imaginar fácilmente los pensamientos que debía tener Kenshin.
Pero ella no estaba dispuesta a que su padre se interpusiera entre ella y el
amor de su vida, erm, dos vidas.
Kenshin parpadeó un poco más, tratando de alejar de sus pensamientos las
torturas que Saitoh seguramente le haría pasar, para fijarse en Kaoru. Ella lo
estaba mirando con una expresión llena de determinación y confianza en sus
ojos azules. Kenshin no pudo evitar sonreír al verla así; del mismo modo que
no pudo evitar sentir como se relajaba un poco. Casi pudo leer sus pensamientos
y ella tenía razón, no importaba quien fuera el padre de Kaoru, eso no cambiaría
para nada lo que él sentía; ya encontrarían, juntos, alguna manera de
solucionar el problema.
“No te preocupes Kenshin, ya verás como todo sale bien. Solo hay que ser
precavidos y cuidar cada cosa que hacemos. Papá solo está molesto, pero ya se
le pasará. Hubieras visto como se pudo cuando conoció a mi primer
enamorado...” agregó sonriendo, pero luego de recordar ‘exactamente’ que
fue lo que le hizo a su primer enamorado su sonrisa disminuyó un poco, “...
emm, mejor concentrémonos en el presente ¿ne?”
Kenshin la miró receloso. Sea lo que fuera que Saitoh le haya hecho al
enamorado de SU Kaoru se lo tenía bien merecido, pensó fervientemente, dándose
cuenta que eso no era bueno para la situación en la que se encontraba.
“Kaoru...” comenzó Kenshin tratando de comprender todo lo que había
sucedido para poder afrontarlo después, “¿qué fue exactamente lo que ocurrió
anoche?, ¿y porque estoy detenido?”
Kaoru suspiró antes de comenzar.
.
.
.
Hajime exhaló el humo del cigarro lentamente mientras miraba a su hijo, sentado
enfrente de él. El que su hija lo hubiera mandado para que hablara por ella,
significaba que estaba desesperada. Claro que eso al lobo de Mibu no le
importaba, que gritara y llorara todo lo que deseara, el tiempo la ayudaría a
olvidarse del sujeto. Volvió a ver a su hijo por unos segundos y luego bajó la
vista hacia el reporte que momentos antes le había dado Cho.
Lo que su hijo le pedía no era mucho. Solo una segunda oportunidad para
Niiyama. Aoshi se comprometía a supervisar a Kaoru para no permitir que algo así
volviera a suceder. Sin embargo Hajime estaba convencido que pasaría algo de
tiempo antes de que su hija perdiera la cabeza otra vez... pero nunca se sabía
con éstos chicos hoy en día.
Pero dejar al hijo de &%$# libre ahora, sin ningún tipo de castigo, le era
simplemente ridículo. No podía ser. Pero el sujeto en cuestión era
interesante.
Al parecer su padre fue uno de los más grandes espadachines. Ganó todos los
torneos de su categoría por un gran margen, y había enseñado su estilo a su
hijo: Niiyama Kenshin. Hajime también había aprendido el arte de la espada de
su padre, y su padre de su abuelo antes que él. Y la sucesión seguía por
muchas generaciones. ¿Pero aquel estilo legendario y misterioso sería mejor
que el suyo? Sonrió complacido ante la idea. Levantó la cabeza y miró a su
hijo, que lo esperaba de pie desde ya hacía varios minutos.
"Bien, voy a dar al ahou una nueva oportunidad..."
Aoshi miró a su padre con los ojos entrecerrados. Tenía que haber algún truco
en sus palabras, o él se estaba quedando sordo. No. Definitivamente no podía
dejar ir a Niiyama tan fácilmente. "Cual es la condición Otou-san"
El lobo volvió a sonreir. Aquella sonrisa que todos conocen... y temen.
"Tiene que vencerme en Kendo."
Aoshi lo observó sorprendido, aunque por su expresión no era fácil saberlo.
Asintió con la cabeza mientras escuchaba la hora y el lugar del encuentro.
Minutos después estaba sentado en su auto. Sacó el celular del bolsillo y marcó
el número de su hermana. "Kaoru, otou-san aceptó liberar a Niiyama, sin
ninguna acusación, con la condición de que se enfrente a él en kendo."
Aoshi escuchó la respuesta de su hermana menor a través del aparato: "¿Que
papá quiere que??? ¿Está loco??? Ya verá cuando yo hable con él!!! Lo voy a
hacer puré!!! Kenshin no puede... espera... que?, no! Kenshin eso no! Por
supuesto que... pero es que... argh!!! ¿Aoshi? ¿Está bien, donde va a
ser?."
Aoshi frunció el ceño, ella no podía estar con... eso no era posible,
"Kaoru, ¿donde estás?" Preguntó fríamente.
"Mm, oh las baterías, se acaban, tengo que colgar hermano, te llamo
luego."
"Kaoru, tiene que estar en el dojo Matsukawa, en una hora. Apresúrense."
"Chao... y GRACIAS!!" contestó Kaoru antes de colgar el teléfono.
Aoshi suspiró. Los problemas en que se metía su pequeña hermana eran enormes.
Tenía sus dudas sobre esta pelea que su padre quería tener con Niiyama. Pero
sabía que su padre no iba a dar marcha atrás ahora. Niiyama Kenshin tendría
que pelear. Lo quisiera o no.
Aoshi encendió el motor, y se dirigió al dojo.
.
.
.
Kaoru suspiró. Aun tenía el celular sujeto en su mano y lo miraba fijamente.
Pero no era el celular lo que le importaba. Pensaba en las consecuencias de ésta
pelea. Ahora recordaba (con algo de mortificación), una vez en el tiempo en que
su padre, no, Saitoh Hajime, se había enfrentado a Kenshin. No quería que eso
volviera a suceder. Y lo ultimo que jamás hubiera deseado, es que tuviera que
ser por su culpa. ¿Es que siempre tendrían que estar peleando? ¿Kenshin no se
merecía algo de paz y tranquilidad? Si ella no hubiera perdido la cabeza como
lo hizo la noche anterior nada de esto habría sucediendo.
Kaoru volvió a suspirar. Pero levantó la cabeza al sentir la tibia presión de
dos manos sobre sus hombros. Al hacerlo se encontró con los ojos más hermosos
del mundo, según su humilde opinión.
Kenshin la miraba tranquilamente. No era difícil para él leer a Kaoru en éstos
momentos. Estaba preocupada. Y era por su culpa. Pero realmente no había nada
de que preocuparse. Kenshin lo veía todo de una manera bastante simple. La había
encontrado. Y no la perdería. Si eso significaba hacer morder el polvo al lobo,
pues lo haría. No iba a permitir que nada ni nadie los separara ahora. Claro
que hubiera preferido llevarse bien con el futuro suegro. Pero el hecho que este
tuviera que ser el Lobo de Mibu de entre todos los hombres del mundo le hacía
pensar que el destino estaba jugando con él.
Pero no importaba. Ya encontrarían una manera. Lo que tenía que hacer ahora
era hacer sonreír a Kaoru. No soportaba verla tan preocupada.
"Daijoubu Kaoru." Dijo mientras con una mano acariciaba su largo
cabello negro. "Todo va a salir bien. Solo necesito que..." hubiera
continuado, pero el oficial que había dejado pasar a Kaoru había vuelto a
entrar.
El pobre oficial miró a la joven pareja nerviosamente. Aun le dolía el estómago,
y creía fervientemente que la muchacha le había partido algunas costillas.
Cosa que era ridícula pues aún podía mantenerse en pie. De todas maneras tragó
saliva, y con un ligero temblor en la voz anunció: "Niiyama Kenshin, por
ordenes superiores queda liberado." Volvió a tragar saliva al ver que
ninguno de los dos se había movido ni un solo centímetro. Él pelirrojo aun
estaba abrazando a la señorita hija del capitán. Mentalmente se golpeó la
cabeza. Era patético que ni siquiera en sus propios pensamientos pudiera
atreverse a faltarle el respeto a la señorita. Volvió a suspirar y decidió
que lo mejor sería retirarse inmediatamente, no vaya a ser que la señorita
vuelva a molestarse con él. Ohh no, no otra vez.
El pobre oficial, ya estaba cerrando la puerta cuando la suave voz de Kaoru lo
detuvo. El sargento levantó la vista hasta encontrarse con ojos azules que lo
miraban interrogantes. Un sudor frío comenzó a correr por su frente. Sabía
que no debía entrar. Lo sabía...
Kaoru tosió un poco. Tal vez se le había pasado la mano con el pobre sargento.
Bueeeno, lo hecho, hecho estaba ¿no?, "No tendrías que abrir la reja
entonces?" preguntó lo más amablemente posible. No había porque asustar
más al chico.
El oficial casi se cae. Por supuesto!! Como se le había olvidado? Cogió el
grupo de llaves que colgaban de su cintura y se acercó rápidamente a la reja
donde estaba el pelirrojo, mientras murmuraba una y otra vez cuanto lo sentía.
Kenshin estaba asombrado. El pobre hombre se mostraba aterrado. ¿Qué le había
podido hacer su Kaoru a un oficial entrenado de las fuerzas militares? Una
sonrisa no muy gentil se formó entonces dentro de su mente. Ohhh, Kenshin sabía
muy bien que tipo de cosas estaría Kaoru dispuesta hacer... sobretodo una Kaoru
desesperada, separada del hombre que quería ver a como de lugar a sólo un
oficial de distancia... Lo que hubiera dado por estar allí. Kenshin pensaba que
no había figura más dulce que su Kaoru demostrando cuán "débil"
una mujer podía ser. Kenshin rió para sí mismo. ‘Ohhh pobre hombre’,
compadeció al oficial.
Las manos de nuestro sargento sudaban y temblaban tanto que no podía distinguir
la llave correcta de las otras cinco que habían en el llavero, a pesar estar
todas enumeradas.
Kaoru dio un suspiro. Esto era demasiado. Si alguien no hacía algo, ella iba a
perder la paciencia.
Kenshin se aclaró la garganta suavemente. Mejor salvar al hombre de la furia de
su Kaoru. No es que no quisiera verla en acción, se moría por hacerlo. Pero no
era éste el momento, tenía cosas que hacer y no mucho tiempo para hacerlas.
"Tal vez yo pueda abrir la puerta, sargento, creo que es mas fácil hacerlo
desde adentro." Eso por supuesto no era cierto, pero para cuando el oficial
abriera la puerta, ya habría pasado la hora límite para llegar al dojo... o
Kaoru ya lo habría convertido en puré...
El sargento levantó la mirada hacia el pelirrojo. Lo que le pedía no era
ortodoxo. Estaba severamente prohibido darle las llaves a un civil. Y estaba a
punto de decírselo, sinceramente ofendido de que cosa tan absurda se le hubiera
ocurrido al reo, cuando, de reojo, captó la mirada de Kaoru.
Segundos después Kenshin le estaba devolviendo el llavero al sargento y salía
de la pequeña prisión de la mano de Kaoru, con dirección al dojo, donde tendría
que pelear contra el lobo de Mibu, prácticamente por la mano de su hija... si
hubiera visto esto en la tele, pensó Kenshin, se hubiera reído de una trama
tan absurda.
---- Continuará ----
Pues bien, espero que todo ese WAFF les haya gustado. Para ser sincera ya tenía
esa parte escrita desde hace mucho tiempo, pero no sé como se borró de mi
computadora... SNIFF!!! Estuve tan triste... y TAN molesta, casi destrozo mi
compu de la cólera. Creo que hasta me pelee con todo el mundo, y me negué a
escribir ni una palabra hasta que me calmara. Pero ya está, al fin.
Sinceramente no tengo ni idea de para cuando estará el siguiente, pero voy a
tratar de apurarme los más que pueda. Y ya tengo otro fic en mente... un
K&K por supuesto. Pero me he prometido a mi misma que voy a terminar éste
antes de ponerme a escribir otro... aunque tal vez no cumpla esa promesa...
Hohohoho!!!!
Adoro a K&K!!!!!
No se olviden de escribirme que les pareció!!!!