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CAPITULO I
-Hiko......Hiko- susurró Mercedes
al oído de Seijuro Hiko
-Mercedes –susurró él- ¿qué
ocurre?
-No puedo dormir presiento una
fuerza, no se, algo que me intranquiliza –
Seijuro
Hiko se levantó en silencio, tomó su espada y recorrió el lugar. El no sentía
nada, pero ya estaba acostumbrado a confiar en los presentimientos de Mercedes.
-Vamos
mujer, duerme tranquila. –le dijo, sin embargo algo extraño en el
aire........lo dejó alerta. Se sentó al lado de Mercedes y la acurrucó en sus
brazos.
Era jueves por fin.
Llevaba más de cinco meses enfrascada en
un postgrado, sin tiempo, sin ratos libres. Hoy se entregaba el último
proyecto. Ahora sólo quedaba esperar a que nuestros profesores nos llamaran
para entregarnos las notas. Claro que aquello ocurriría la próxima semana, así
que se podía decir que tenía algunos días de vacaciones. Comencé a caminar
hacia el centro de la ciudad al tiempo que las luces se iban encendiendo por las
calles. Todo el mundo parecía estar apurado por ir a encontrarse con alguien,
los hijos, los padres, los novios.
Caminaba sin prestar mucha atención a lo
que ocurría a mi alrededor. Los autos doblaban la esquina lentamente, la gente
se cruzaba ante ellos. Esperé el verde del semáforo. Tomé la diagonal y me
encerré en mis sueños mientras avanzaba.
Cuando llegué al centro ya estaba oscuro
y estaba a punto de llover, así que apresuré el paso. Quería llegar a un café
que estaba sólo a unas cuadras de ahí. Tal
vez, encontrara a algún conocido con quién conversar un rato, no quería ir a
mi casa y estar sola. La verdad estar sola no era ningún buen panorama, comer
un pan y un café, ver televisión un rato......No sonaba
muy entretenido.
La lluvia caía con fuerza, me acerqué a
las vitrinas de los negocios para protegerme bajo los techos de los edificios.
Mis ojos miraban el suelo, los charcos. De pronto, lo inevitable. Choqué contra
alguien que venía saliendo de una galería. Mis papeles volaron por el aire.
Maldije la hora en que decidí no archivar el proyecto y otras cosas que llevaba
conmigo.
-Lo siento, lo siento- dije rápido y sin
mucho sentimiento, más me interesaba recuperar mis cosas antes de que la tinta
de los papeles comenzara a correrse con la lluvia.
Un personaje silencioso me ayudó a
recoger todo, era el tipo con el cual me había estrellado. Levanté la cabeza y
lo vi, ahí en cuclillas frente a mi, mojándose en la lluvia igual que yo, con
un montón de papeles desteñidos entre sus manos. Me los entregó sin dejar de
mirarme.
-Gracias- fue lo único que se me ocurrió
decir. La verdad es que estaba como hechizada. Ya no veía nada de lo que ocurría
a mi alrededor, sólo a él y sus ojos.
Me tomó por el brazo para ayudarme a
levantar. Sonrió, seguramente por la cara de estúpida que debo de haber
tenido.
-¿Tomarías un café?- me preguntó.
Negué con la cabeza, estaba avergonzada
de sentirme observada así y algo en él me intranquilizaba. Tomé mis cosas y
apuré el paso. Una cuadra más allá miré hacia atrás. Estaba ahí mismo bajo
la lluvia mirando como me alejaba. Doblé la esquina y seguí caminando bajo la
lluvia.
Después de caminar un buen rato por
algunas galerías, decidí volver a encaminarme hacia mi destino inicial.
Había dejado de llover fuerte. Entré al café y me senté en una mesita
que estaba desocupada. Divisé a algunos amigos más allá y les saludé con una
seña.
Se acercaba el chico que siempre me atendía,
me di cuenta que venía directo hacia mi con dos tazas de café. Las puso sobre
mi mesa, me saludó y dijo
-El caballero ya viene. ¿Nunca la había
visto venir acompañada antes?-
No contesté nada. La sorpresa me había
dejado muda. El tipo con el cual había chocado comenzaba a sentarse frente a
mi.
Lo miré detenidamente, seria y en
silencio. El parecía divertido con esta situación y guardó silencio con una
sonrisa en sus labios en espera de lo que haría yo.
Mi mente vagó por mis recuerdos. Yo lo
conocía, pero como de un sueño.
-Gracias por el café- le dije. -¿Acaso
me seguiste?
-No. Quise hacerlo, pero pensé que no
era correcto. Luego entré aquí y te vi.
-Y leíste mi mente y pediste mi café.-
Sonrió ampliamente – Disculpa, no he
querido molestarte, pero es que ...... creo que eres muy linda y pensé que no
podía perder la oportunidad de hablarte.-
No sabía que decir y mi cara comenzó a
ponerse colorada. Había algo en él que me impedía irme, algo que me obligaba
a escuchar sus palabras.
-Bueno-le dije – ya que estamos aquí,
¿Tienes nombre?-
-Sí, sí tengo nombre, Gori Takeshi-
dijo extendiendo su mano hacia mi.
Estreché su mano con fuerza, como
tratando de demostrarle que no me dejaría dominar por un exótico nombre y unos
ojos maravillosos, a pesar de que así era.
-Mercedes- dije y al hacerlo, pude ver
una expresión de agrado y sorpresa en sus ojos, reacción que en ese momento no
pude entender. Esperé un instante y comenté – Hablas muy bien español para
tener un nombre tan....
-Tan japonés- se apresuró a decir.
–Mis padres son japoneses. Mi vida ha transcurrido entre ambos países, así
que hablo bien ambos.....Bueno, que interesante que un desconocido comience a
contarte su vida ¿No?
-Creo que acabas de dejar de ser un
desconocido Gori- le dije tratando de ser simpática.
-¡Oh! Mi nombre es Takeshi. En Japón se
usa decir primero el apellido, luego el nombre ¿No lo recuerdas?
-OK Takeshi. ¿Recordarlo?-le miré extrañada
Nos quedamos en silencio sin saber de qué
más conversar. La verdad es que sentía vergüenza, no podía verlo a la cara
sin sentir que mi rostro se ruborizaba. Luego
de un rato conversamos sobre lo que cada uno hacía en la ciudad.
-¿Magíster? ¡Vaya! Chica bella y con
cerebro.
-No seas tonto. ¿Acaso eres de los
hombres que piensan que todas las mujeres inteligentes son feas?-
-No, era sólo una broma- se apuró a
decir un poco preocupado
-¿Qué haces tú?- dije como para
cambiar de tema
-No mucho-dijo tratando de no darse mucha
importancia. – Doy clases de Kendo en un gimnasio de por aquí. Pero también
soy un tipo inteligente- agregó bromeando.
Bueno, su físico y la forma en que se
movía dejaban en evidencia que era un personaje con un muy buen entrenamiento físico.
Movimientos firmes, bien calculados. A cada minuto me gustaba más este
encuentro con Takeshi. Lástima que yo no tenía un físico muy cuidado. En
momentos como éste era cuando me sentía fea y fuera de forma. Ojalá no se le
ocurriera invitarme a su gimnasio. Por lo menos no era verano, una invitación a
la playa sería fatal.
-Mira Takeshi, ha sido muy agradable
conocerte, pero ya debo irme. –Me levanté tomando mis cosas. El se levantó
con rapidez y quedamos uno frente al otro, mirándonos en silencio.
-No puedo dejarte ir sola en una noche
como esta. Deja que te lleve, mi camioneta está a la vuelta –
-No te preocupes, prefiero caminar. Adiós
y gracias- me moría de ganas de decir que sí, pero me daba una vergüenza
terrible.
-Espero volver a verte- dijo mientras me
sujetaba suavemente por un brazo.-Creo que ya no podría respirar si no vuelvo a
saber de ti- el tono de su voz y la expresión de su rostro me hicieron sentir
como que ya había vivido este momento antes. Después de guardar silencio por
un instante me acerqué a él y le di un beso en la mejilla.
-Respira chico, no valdría la pena morir
por mi -comencé a avanzar hacia la salida.
-Volvería a dar mi vida por ti cuantas
veces fuera necesario.....Mercedes- dijo elevando tanto el tono de su voz, que
todo el mundo en el café se quedó mirándolo, pero pareció no importarle.
Esa noche llegué a mi casa con el corazón
alegre. Sin embargo, me auto regañaba por no haberle dado algún teléfono, una
dirección o algo así. ¿Cómo volvería a encontrarlo?