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CAPITULO II

 

Pasaron los días y no volví a verlo. Visité todas las noches aquel café con la esperanza de que Takeshi apareciera, pero nada. Fue entonces cuando recordé que trabajaba en un gimnasio enseñando Kendo. Sus ojos negros, su voz, su sonrisa, eran como una especie de obsesión. Yo lo conocía, no sabía de dónde, de un sueño, de otra vida.................... Algo me obligaba a buscarlo, y al mismo tiempo algo me decía que él esperaba que lo hiciera, que fuera yo la que diera el próximo paso.

Comencé a soñar con él. En mis sueños se me presentaba con cabello muy largo y con una espada japonesa al cinto. ¿Loca? ¿Me volvía loca? No lo se, pero comencé a escribir, como lo había hecho muchas veces antes. En mis historias él se llamaba Seijuro Hiko, nombre que había aparecido mágicamente en mi cabeza tiempo atrás. A la mujer de Hiko nunca sabía que nombre ponerle, así que le daba el mío, Mercedes. Busqué en mi velador las historias que llevaba escribiendo hace más de dos años, cuando Hiko entró en mi cabeza, o tal vez deba decir cuando tomé conciencia de que él estaba en mis pensamientos. Comencé a revisarlas y recordé que Hiko había prometido proteger a Mercedes con su vida si fuese necesario. Pero no fue hasta que leí nuevamente aquel capítulo en que él la protege con su propio cuerpo de una lluvia de dardos envenenados, que asocié lo que Takeshi me dijera en aquel café con mi personaje de historietas: “Volvería a dar mi vida por ti, cuantas veces fuera necesario....” En ese momento pensé que estaba más loca que nunca. Tomé las historias y las guardé.

 

Me fui a la universidad. Entré al laboratorio y me encontré con la Paty. Estaba terminando un proyecto para Fisiología Vegetal, un ramo que me alegraba no haber tomado. Fuimos a tomar un café y nos pusimos a conversar un rato. La Paty estaba por pololear con un chico que había conocido en una fiesta y no dejaba de hablarme de él. Parece que, a pesar de que la estaba escuchando, mi cara le dio la impresión de no estar ahí con ella.

 

-¿Y tú Mercedes? ¿Cuándo nos vas a presentar a algún pololo?- me dijo medio en broma Paty

 

Esta pregunta gatilló en mi el deseo de contarle a alguien lo que me estaba ocurriendo. Ella me escuchó en silencio, sin emitir opinión alguna. Cuando dejé de hablar, me dijo

 

-¿Y qué tal si ese Takeshi Gori o Gori Takeshi, como tú dices, fuera algo así como la reencarnación de Seijuro Hiko?

-Vamos-le dije- Seijuro es un invento, está en mi imaginación.

-Bueno, si así lo dices. Yo comenzaría a buscar los gimnasios donde enseñen Kendo aquí en Conce. Te apuesto que deben ser sólo dos o tres. Vamos al laboratorio, en la guía de teléfono los buscamos ¿Te parece?

 

Solo sonreí, pero en menos de veinte minutos ya iba camino a uno de los tres gimnasios que encontramos en la guía. Llevaba las direcciones anotadas en una hoja de papel, la cual doblaba una y otra vez, con mucho nerviosismo.

En los dos primeros gimnasios tuve mala suerte, incluso los maestros de kendo eran chilenos, no japoneses. Pensé no ir al último, pero preferí salir de la duda. Quedaba cerca de mi casa. Cuando llegué estaban practicando ruidosamente. Entré y estuve mirando como repetían una y otra vez aquellos movimientos que viera a Hiko utilizar en las batallas de mis sueños. La clase terminaba, los alumnos se fueron yendo. Me acerqué al maestro que diera la clase y le pregunté por Gori Takeshi.

 

-Está  arriba- me dijo – él vive aquí, en el segundo piso. Mira sube por la escalera que hay atrás. Tiene un portero automático y él debe estar arriba a esta hora.

 

No lo podía creer, lo había encontrado. Le di las gracias y comencé a subir las escaleras. A medida que me acercaba a aquella puerta  empecé a sentir una energía, como un magnetismo que me llamaba. Justo cuando iba a tocar el portero, Takeshi abrió la puerta.

 

-Te estaba esperando-me dijo.

-..............-no supe qué responder, no había manera de que él me viera desde allí, no había ventanas de este lado.

-Vamos, entra por favor. El almuerzo está casi listo.

 

Me quedé muda. Estaba en el departamento de un hombre bien parecido, medio desnudo (sólo llevaba un pantalón de buzo) al que casi no conocía y él me decía que me estaba esperando y que el almuerzo ya estaba listo¿?¿?¿?

 

-¿Has escuchado hablar del KI? –me preguntó.

 

No contesté nada.

 

- Hey!, lo siento, pero debes quitarte los zapatos. Casa  japonesa.- me dijo al tiempo que ponía un par de cojines en el suelo.

 

Me quité los zapatos en la puerta de entrada. Caminé por el pasillo que llevaba al comedor mirando los cuadros y los adornos que había  sobre una  mesita. Curiosamente algunas de ellas me parecían conocidas.

 

Luego, comenzó a hablarme en japonés y lo más terrible de todo era que entendía sin problemas lo que me decía.