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CAPITULO III

 

 

-No olvides que eres mi mujer. Mi corazón siempre estará contigo....... Mercedes - me dijo Hiko.

Luego volvió a golpear el anca del caballo como para no demorar más la partida. No pude evitar llorar, en silencio, consolada solo por el viento en mi rostro al galopar.

 

 

Almorzamos casi sin hablar. Luego se sirvió un poco de sake.

 

-Recuerdo que no te gustaba- me dijo- ¿Quieres otra cosa?

 

No supe que responder. La verdad era que no me gustaba tomar tragos fuertes ¿Cómo lo sabía?.

 

Se sentó a mi lado, luego dejó caer su cabeza en mi regazo.

 

-¿Por qué has venido Mercedes? ¿Acaso he logrado que me recuerdes?

-Estoy confundida, creo saber quien eres, pero............no lo creo posible.

-Dame un nombre, se que piensas en uno ahora. ¡Vamos, dilo!

-Seijuro Hiko- dije sin dudar

-Me alegra mucho. Aún no me habías olvidado-

 

Se arrodilló a mi lado, me tomó por la cintura y comenzamos a besarnos. Era sin lugar a dudas él. Lo había sentido así en mis sueños muchas veces, aunque ahora creo que nunca lo soñé, todo aquello parecían ser recuerdos. Toqué suavemente su espalda con mis manos buscando las marcas de los dardos, yo las recordaba.

 

-No, ya no tengo esas marcas- dijo como si supiera lo que yo estaba pensando.

 

 Me acordé de la marca de nacimiento que yo tenía en el costado izquierdo y puse una mano sobre mi polera, como recordando.

 

-La espada se quebró ¿Recuerdas? La séptima garra.

-Esto es imposible, esas historias las inventé yo- le repliqué.

-¿Como explicas entonces que yo sepa todo esto?  - me dijo sonriendo con dulzura.

-No lo sé Hiko- le dije sin pensar

-Que bueno es volver a escuchar ese nombre de tus labios-

 

Se puso de pie, me tomó por un brazo y me hizo ponerme de pie también. Tomó mi barbilla con su mano y me besó suavemente en los labios.

 

-Yo no puedo hacer más que esto Mercedes, está en ti el querer o no querer recordar. Quisiera poder tomarte en mis brazos ahora y escuchar de tu boca dulces palabras mi amor. Quisiera amarte como antes, quisiera que no hubieses olvidado que eres mi mujer...........

 

No se que estaba pensando, pero en ese momento acepté sin restricciones todo lo que estaba pasando. Dejé de ser la Mercedes de la supuesta vida real y volví a ser Mercedes mujer de Seijuro Hiko. Y me entregué a sus brazos como lo había hecho mil veces antes. 

Fue maravilloso. Yo conocía cada caricia, cada movimiento. El sabía lo que yo quería y me amaba en forma ruda y tierna a la vez, así como era él.

.............................

 

Desperté con el sol dándome en la cara. Primero no recordaba donde me encontraba, pero poco a poco fui volviendo a la realidad. Hiko, Takeshi o como se llamara, ya no estaba a mi lado, pero podía ver su ropa en el suelo y la marca que su cuerpo había dejado en los cojines de la cama. El era como lo recordaba, muy alto, de hombros anchos, con los músculos suavemente delineados bajo su piel. Busqué mi reloj, eran casi las cinco. Comencé a ponerme la ropa interior y después me puse los jeans. Mi polera no estaba en ninguna parte ¿Para qué se la habría llevado él? Busqué entre la ropa de su closet y me puse una camisa de mezclilla que encontré. Yo soy grande, pero esa camisa era enorme, así que tuve que doblarle las mangas.

Caminé hacia el living en busca de mis cosas y casi me morí de la impresión al ver a una señora sentada en el suelo preparando el té.

 

-¡Qué bien! ¿Tomarás té conmigo?

 

Me quedé sorprendida ¿Quién sería esta señora? ¿Dónde estaba Hiko?

 

- Takeshi regresará pronto, siempre da la clase de las cuatro y media.-me dijo al tiempo que hacía un ademán para que me sentara con ella.

 

Era una mujer ya mayor, japonesa sin lugar a dudas, incluso hablaba con acento.

 

 -Con mucho gusto, señora........... –esperaba que me dijera quién era ella. Me senté a su lado.

-¿Eres novia de mi hijo?- preguntó ansiosa.

-¿Es usted su madre? Pensé que vivía solo- cambié el tema esquivando responder a su pregunta.

-Vengo a veces. Le ordeno sus cosas. Vengo más bien por buscar su compañía, a veces me siento muy sola. ¿Cómo te llamas?

-Mercedes- dije.

-Mercedes san, debo confesar que me has sorprendido gratamente con tu presencia. Nunca le he conocido mujer alguna a este muchacho y eso siempre me ha tenido muy preocupada. Me alegra conocerte jovencita. ¿Tomas té?-

 

Más sorprendida estaba yo con todo esto. Enterarme de que no había tenido mujer antes que yo me daba la idea de que él había estado esperando por mi desde siempre