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CAPITULO IV

 

Ya eran más de las seis de la tarde cuando Takeshi regresó. No podía creer que justo aquel día su madre había ido a verlo. Se disculpó. Seguramente se imaginaba la vergüenza que me había dado el ser sorprendida por ella, durmiendo en la cama de su hijo y sin ropa. Luego nos reimos juntos, en silencio, su madre se había dormido sentada en el suelo. Takeshi la tomó en sus brazos y la llevó a uno de los cuartos, para que descansara mejor.

 

-Creo que irte sin despertarme no fue una buena idea, Takeshi.-le regañé suavemente.

-Si te despertaba corría el riesgo de no encontrarte aquí a mi regreso- me contestó, al tiempo que se me acercaba y me abrazaba por la espalda.-

-Tengo que irme, aunque no tengo muchas ganas de hacerlo.  Tengo algunas cosas que hacer y tengo mucho que pensar.

-No lo pienses demasiado, no todo tiene una explicación tan lógica como parece Mercedes. Quizás sea mejor que imaginemos que nos acabamos de conocer. Tal vez así logremos tener una relación más normal en esta ocasión.

-Takeshi, no tengo muy claro lo que está ocurriendo. Sé que hemos vivido mil cosas juntos, en sueños, no lo se. Lo importante es que hay algo que me une a ti fuertemente y me hace amarte. Y quiero  amarte- le di un beso y caminé en busca de mis zapatos.- No, no me lleves-le dije adelantándome a sus pensamientos- vivo muy cerca. Acompaña a tu mamá.

-Sabía que me dirías eso, no has cambiado Mercedes- me dijo esbozando una sonrisa. –¿Puedo pasar por ti mañana en la noche? No tengo que hacer clases y podríamos estar juntos, conversar un poco...........Necesito volver a verte Mercedes-me dijo a manera de confesión- Tengo miedo de perderte nuevamente.

-Me encantaría- le sonreí.- Dame tu teléfono, toma aquí está el número del mío, Y mi dirección....es cerca de aquí- le decía mientras buscaba un lápiz en mi bolso.

-No te preocupes-dijo sujetando mis manos para que dejara de buscar- sé dónde vives.

-Lo suponía, ya que tu dojo está aquí, debes haberme visto alguna vez.

-¿Alguna vez?-dijo riendo- Compré este lugar para estar cerca de ti Mercedes. Te he buscado toda mi vida.

 

Luego salí y caminé hacia mi casa.

............

 

-¡Madre! Despertaste-dijo Takeshi-

-Y muy contenta hijo- venía sonriendo- Me gustó mucho Mercedes san. ¿Acaso por fin tus sueños han dejado de intervenir con tu corazón, hijo mío?

-No madre, es ella, por fin la he encontrado. Aquí no hay sueños, solo realidades.

...........................................

Durante todo lo que quedaba de aquel día me la pasé tratando de encontrar una explicación para lo que me estaba pasando. Leí mis historias. En fin,  pensé que era mejor hacer lo que Takeshi había dicho: pensar que todo esto comenzaba ahora y olvidar el pasado.

Esa noche tuve un sueño tan vívido que incluso, al despertar dudé si había sido sueño o no. Lo extraño fue que allí yo no era la mujer de Hiko. Era como si un trozo de nuestra historia se hubiese perdido, apareciendo ahora para confundir más mi cabeza.

 

Hiroshi jugaba entre los árboles del patio de atrás. Tenía cuatro años y era un chiquillo revoltoso, pero noble y valiente. Como su padre.

Yo comenzaba a recoger algunas verduras para cocinar la cena cuando llegaron cuatro jinetes  a la casa. Uno de ellos desmontó y me preguntó por “Hajime”, lo cual me pareció bastante extraño.

 

-¿Quién le busca?-pregunté tratando de no mostrar mi preocupación.

-Eso no te importa, sólo dinos donde está ese mal nacido- dijo otro de los jinetes desmontando.

 

Por mi mente cruzaron dos cosas: Hiroshi y mi espada. Corrí hacia la casa seguida por dos hombres armados, tomé mi espada. De reojo vi a Hiroshi corriendo en dirección al dojo Camija. Era muy inteligente, se había dado cuenta de la situación y corría en busca de ayuda.

 

-¿Quién eres mujer? ¿Acaso eres....?-uno de los hombres trató de tomarme por un brazo, pero no pudo, luego gritó a los demás- Es la mujer de Hajime, esto se va a poner mejor de lo que pensaba.

 

Sacó su espada y luchamos. Lo herí dos veces, pero ellos eran cuatro. Luego me atacaron dos al mismo tiempo y uno de ellos logró pegarme en la mano para que soltara mi arma. Dejaron una nota clavada en la puerta de la casa, me ataron las manos y uno de ellos me obligó a subir con él al caballo.

Llegamos a una vieja casa no lejos de allí, a esperar que Saitho fuera en mi busca.

Hiroshi había corrido hasta el dojo y había explicado lo ocurrido entre llantos y desesperaciones a Kenshin y Sanozuke. Decidieron que Sano avisaría a Saitho mientras Kenshin corría a la casa donde estaba Mercedes. Pero al llegar no encontró más que una nota dirijida a Saitho. Le esperaban en la vieja casa que había al otro lado de la colina. Kenshin decidió partir hacia allá cuando vió que venían Saitho y Sanosuke a caballo por el camino.

.................

 

-Por qué demora tanto en venir, ya es de noche- dijo uno de los hombres que me tenían detenida.

-Dinos mujer, por qué no llega aún.

-Tal vez aún no se entera- dije sin mucho ánimo- aún es muy temprano para que vuelva a casa.- Pensaba que tal vez así bajarían la guardia y tal vez podría escapar de allí. Tenía la esperanza de que me desataran, pero parece que me consideraban peligrosa y no lo harían. El tiempo comenzó a transcurrir interminable. Uno de ellos comenzó a tocarme con sus manos

 

-¿Qué tal si nos divertimos un poco con ella antes de matar a Hajime?- otros dos estuvieron de acuerdo y comenzaron a discutir si me desataban o no. Luego decidieron quiénes quedarían de guardia mientras los otros dos abusaban de mi. Comencé a desesperarme ¿qué tal si Saitho no me encontraba a tiempo? ¿Y Kenshin, dónde estaban?

Uno de ellos se me acercó con un cuchillo y desató mis ataduras. Una luz de esperanza cruzó mi corazón. El hombre que estaba a mi lado llevaba su espada al cinto-Paciencia –pensaba para mi. De pronto el otro hombre comenzó a cortar mi camisa con el cuchillo. Intenté tomar la espada del que tenía al lado, pero el otro hombre me sujetó con violencia, tomó mi mano izquierda y me hizo un profundo corte en la muñeca. La sangre comenzaba a fluir con rapidez. Estaba perdida. Fue entonces cuando escuché esa voz, lenta y grave que desde hace un tiempo me pertenecía

 

--¡Nadie roba la mujer de un lobo, sin recibir  su castigo!- luego un destello y ambos hombres cayeron sin vida por el suelo- era Saitho. Después sentí que sus brazos me levantaban. Sus ojos aún brillando como el oro.

 

Cuando volví en mi, Saitho estaba a mi lado apretando el vendaje de mi muñeca. Me había puesto sobre los hombros su chaqueta y maldecía contra su vida oscura que una vez más ponía en peligro a los seres que más amaba. Kenshin y Sanozuke preparaban los caballos para encaminarnos de vuelta a la ciudad.

 

-¡Estás despierta! Perdóname Mercedes, todo esto es mi culpa.- dijo sin mirarme, sus ojos no dejaban de mirar el suelo.

-¿Hiroshi?-pregunté sin aliento

- En el dojo, con Kaoru san.  Está bien.

 

Luego partimos. En silencio. Saitho me llevaba apoyada contra su pecho. Había perdido mucha sangre y eso me tenía débil, pero por lo demás, todo estaba bien. El saber que Hiroshi no había sufrido daño alguno había aliviado mis pensamientos y el recordar los dorados ojos de mi ookami que había venido  a rescatarme encendía una vez más una llama en mi corazón.  Preferí dejar de pensar y dejándome llevar por el cadente paso del caballo y la tibieza del cuerpo de Saitho me quedé dormida.

................................................

-¿Qué ocurre Saitho?- pregunté. Desde que me rescatara de aquellos hombres había estado muy extraño. Primero no contestó, pero después de un rato me dijo:

-Siempre he estado celoso de Seijuro. A pesar de que parece que gané la batalla por tu amor, él siempre ha estado presente entre nosotros.

-Pero Saitho... ¿Qué dices?

-Cuando casi moriste a manos de ese tailandés, fue su Ki lo que te obligó a volver a nosotros. Y ahora Mercedes, no fue Sanozuke quien me avisó lo que ocurría, fue él, estoy seguro.

-Pero ¿Qué tiene eso de malo Saitho? Si es así él ha protegido nuestra felicidad todo este tiempo.

-Prométeme algo Mercedes. Cuando yo muera lo buscarás. ¡Promételo Mercedes!

-¿Pero qué estás diciendo Saitho?

-¡Promételo!

-Así será- le dije- Lo prometo. ¿Pero por que me lo dices ahora?

- Este lobo ha tenido una visión.-luego encendió un cigarrillo y salió en busca de la compañía de la noche.

 

 

Desperté empapada en sudor, asustada. Era muy tarde ya, pero marqué su número. Takeshi tardó en contestar.

 

-¿Quién es Saitho?- le pregunté

Luego de un largo silencio me dijo- Espérame, voy para allá.