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CAPITULO V

 

Takeshi no demoró en llegar. Vestía pantalones de kendo y una polera blanca. Traía mi polera perdida, la había encontrado en la cocina, lugar donde comenzamos a amarnos aquel día. No venía preocupado ni nervioso. Para él todo era muy simple al parecer el había pasado de su vida anterior a ésta sin mayores complicaciones. Recordaba prácticamente todo y no se cuestionaba si lo anterior había sido bueno o malo, sólo había sido.

 

-¡Vamos, vuelve a la cama! Hace demasiado frío para que andes así.-

-Esto es tan extraño- le dije- te conocí prácticamente ayer y aquí estoy en pijama camino a mi cama contigo -me sonreí.

 

Entré en mi cama y él se recostó a mi lado. Puso sus brazos por detrás de su cabeza y dijo

 

-¿Bueno, cuál es el problema con Hajime Saitho?-

El tono burlón de su voz me confundió aún más.

-Acabo de tener un sueño, en el que sufrí mucho. Desperté muy asustada. En ese sueño aparecen muchas personas. En el aparece un samurai, con ojos dorados que me salva de morir a manos de unos tipos, ellos lo hacen por vengarse de él. Yo era su mujer y teníamos un hijo..........-me sentía angustiada al contarlo.

-Mercedes- dijo con voz calma- muchas cosas pasaron en aquella época y sí, fuiste la mujer de Hajime Saitho. Fuiste su mujer porque yo no tuve el valor de enfrentar el amor que había para mi en tu corazón. El te amó con todo su corazón y en esos días revueltos y oscuros del Japón, te protegió con su vida muchas veces. El niño, Hiroshi, era mi hijo- lo dijo cubriéndose la cara con una mano- nunca supe que había nacido hasta que  tenía como siete años.

-El me habló de tu Ki, que me protegías y me hizo prometer que después de su muerte volviera contigo.

-Y te apuesto que en el sueño te dice que tuvo una visión. Mira, Saitho murió muy joven, no tenía ni cuarenta años cuando ocurrió. Murió en una explosión y él sabía de antemano que eso ocurriría.

-¿Y cómo lo sabes tú?- pregunté con curiosidad

-Bueno, tú me lo contaste- me dijo riéndose de mi

-Claro, para ti es divertido, para mi es una complicación- le dije un poco enojada

-Ya, no te enojes y duerme. Ya es muy tarde y mañana este maestro de kendo tiene una clase antes de las ocho.- me dijo mientras se metía bajo mis frazadas.

-¿Qué haces?¿vas a dormir aquí?- pregunté sorprendida y divertida. El miedo y el nerviosismo que me causara aquel sueño ya habían pasado.

-Si quieres me voy- me dijo poniendo cara de inocente- Olvídalo- dijo sobre la marcha -córrete para allá y duérmete.

-Pero....-la verdad es que me era un poco extraño que así de fácil se quedara conmigo.

-Mira Mercedes. Antes de que fueras mi mujer dormiste como nueve años conmigo y nunca te molestó. –Me dio un beso en la cara y se acomodó para dormir.

 

Pasé prácticamente la noche en vela. Por un lado tenía a Saitho rondando mis pensamientos y por otro lado a un semidiós metido en mi cama. Tenía tantas ganas de tocarlo, abrazarlo, pero no me atreví. Al fin, me quedé dormida.

Podría asegurar que mientras dormía Takeshi revisó mi muñeca izquierda, era obvio que él recordaba todo lo que había pasado en aquellos tiempos.

.........................................

El ruido de la puerta de calle nos despertó. Era la nana que venía de vez en cuando a limpiar la casa. Ella llegaba a las ocho, así que empujé a Takeshi cama abajo para que corriera al dojo. Pasó como un rayo por el lado de la sra. María, la que se quedó con la boca abierta.

 

-¿Y quién era ese? –

 

Preferí no dar explicaciones y sólo la saludé y le sonreí, ante lo cual comenzó a realizar sus tareas, sin más preguntas. Sin embargo, tuve que tragarme todas sus canciones de “me enamoré otra vez” y todas esas cosas, que me cantara en broma toda la mañana.

 

Después del almuerzo me arreglé para salir a la universidad.  Comencé a caminar hacia la avenida principal  para tomar micro.

Fue en ese momento cuando dos autos se estrellaron frente a mis ojos. No parecía un choque casual, más bien había sido a propósito. De uno de los autos se bajó un hombre armado y disparó a quemarropa en contra de las personas que iban en el otro auto. Yo estaba petrificada. Había visto todo. El tipo me quedó mirando y apuntó hacia mi con su arma. Pensé que moriría pero en eso vi aparecer a Takeshi quién con una patada lanzó al suelo al hombre. Este se levantó corriendo y se alejó con rapidez.

 

-¡Cielo santo mujer! ¿Qué hacías parada allí? Acaso no te diste cuenta que te apuntaba con un arma?

 

No sabía que contestar. Tenía miedo y estaba muy nerviosa. Takeshi me protegió entre sus brazos. Luego llegaron los carabineros, una ambulancia. Quedé citada como testigo de lo ocurrido.

 

Fuimos a mi casa. Entró a mi cuarto, tomó un bolso y me lo pasó para que guardara algunas cosas.

 

-No, no te dejaré aquí sola después de esto. Te vas conmigo al dojo.-

No supe qué  contestar, tal vez era lo mejor. Guardé algunas cosas y escribí una nota para la Sra. María. Takeshi la rompió y se la echó al bolsillo

 

-Claro- me dijo- si ocurre que esos tipos te busquen, leerán la nota y se irán derechito al dojo.

Le miré asintiendo.

-Vámos creo que no necesito nada más, por el momento.- le dije- Tengo una pregunta ¿por qué estabas allí? Me segías.-

-No-contestó él.- Lo presentí. Sabía que algo te pasaría y como siempre lo he hecho, dejé que mi corazón me guiara. Nunca falla- me dijo bromeando, tratando de restarle importancia al asunto.

 

Luego, nos fuimos juntos al dojo.

 

CAPITULO VI

 

Los días comenzaron a pasar y, según carabineros, yo no corría peligro. Aparentemente había sido un ajuste de cuentas y el hombre que salió corriendo seguramente ya iba por la China (¿o debería decir por el Japón?). Me recomendaron olvidar el asunto y continuar mi vida normal. A pesar de ello, Takeshi no permitió que me fuera de su lado.

 

-Vamos, creo que puedo volver a mi casa -insistí- ya no tiene asunto esto de esconderse.

- Algo me dice que no Mercedes. No permitiré que te vayas aún. Además, antes de que vuelvas a insistir en eso.......- metió una mano en su bolsillo y sacó un anillo- ¡Cásate conmigo Mercedes!

 

Me quedé muda, sorprendida. Lo abracé. Que agradable era sentir su tibieza. Sentía que realmente lo que había entre nosotros era una especie de amor eterno. Metí mis manos bajo su polera,  me encantaba sentir su piel.

 

-No vas a decir nada.- me dijo un poco desilusionado.

-Esto es como tan rápido- dije

-¿Rápido? Te he esperado tanto tiempo-

- Dame un beso- le dije- ¡Claro que acepto!

 

Me miró con sus hermosos ojos negros, esos ojos valientes que me embrujaban. Me abrazó suavemente y luego comenzó a rozar la piel de mi cuello con sus labios. Me tomó en sus brazos y me llevó al dormitorio. Me dejó caer  sobre la cama y comenzó a sacarse la polera al tiempo que me hablaba en japonés. Era muy extraño, cuando nos amábamos se despertaba en él algo que llevaba dormido muy adentro y eso me hacía recordar cosas que habían ocurrido en nuestro pasado.

..............................

Desperté con frío. Busqué una polera y me la puse. Takeshi dormía boca abajo con un brazo colgando de la cama. Traté de subir su brazo sin despertalo y lo tapé con las frazadas. Era casi de madrugada. El cielo se veía amarillento con las luces de la ciudad, me senté a mirar la noche desde la ventana de la habitación. En ese momento, al mirar hacia la puerta del dojo me pareció ver una sombra, como si  alguien estuviera allí. Me acerqué rápido a Takeshi y le susurré al oido lo que había visto.

 

-Takeshi, Takeshi. Creo que alguien trata de entrar al dojo.

 

Se levantó de inmediato, sin emitir sonido alguno. Tomó una espada que colgaba de la muralla y sin mirarme dijo

 

-No salgas de aquí Mercedes. Es una orden. – luego cerró la puerta tras de si.

 

Luego escuché unos disparos y vi unos destellos en la oscuridad, que me recordaron a los de mi sueño con Saitho. Me sentí tan angustiada. Había tanto silencio. Corrí al teléfono y llamé a carabineros. Me contestaron que no tenían a quién enviar en este momento, pero que ya iría alguien. Colgé desesperada. Marqué el número de Investigaciones, y por fin alguien venía en camino.

 

-¡Mercedes!- me gritó Takeshi desde el jardín- llama a carabineros.

 

Mi corazón respiró aliviado, no le había pasado nada.

 

-Ya lo hice, vienen en camino- le grité.

 

 A pesar de que me había prohibido bajar, lo hice. Cuando me vió abajo, Takeshi me miró con enojo. En eso llegó un auto con baliza, eran los oficiales de Investigaciones. Takeshi les abrió la puerta del dojo y les mostró a dos hombres atados que estaban sentados en el suelo. Los subieron al auto y comenzaron a tomar una declaración de lo ocurrido a Takeshi. Yo estaba mirando todo esto cuando se me acercó uno de los detectives que habían llegado. Casi muero al ver su cara. Era el rostro de Saitho, de mi sueño.

 

-Soy el capitán Fujita- se presentó. Usted es la señorita Mercedes ..... no recuerdo su apellido ahora, pero fue quien vió el asesinato a unas cuadras de aquí ¿cierto?

¿Qué hace aquí?

-Gori Takeshi es mi novio -le contesté.

 

En eso escuché que se acercaba Takeshi, el cual, al ver la cara del capitán no pudo esconder su sorpresa.

 

-Konbawa Saitho sama- le saludó Takeshi, en espera de su reacción, sin embargo parecía que él no recordaba nada del pasado.

-¡Oh!, cuánto lo siento- dijo. –Me apodan el Japonés, pero no lo hablo, soy chileno.

-Buenas noches Capitán.....

-Fujita.- se apresuró a decir.

 

Conversamos con Fujita largo rato. Nos puso al tanto de lo que estaba ocurriendo. El asesinato que presenciara tenía relación con un cartel de droga y efectivamente yo no estaba a salvo. El hombre que vi escapar era alguien importante en el cuento, y al parecer vigilaban mis movimientos de cerca, ya que los hombres que Takeshi había dejado fuera de juego habían sido enviados para matarme.

Fujita nos recomendó aceptar su protección y desaparecer por unos días. Takeshi lo miraba como tratando de leer sus pensamientos, finalmente aceptó, así que fuimos a buscar algunas cosas para partir con él.

 

-Creo que no nos queda más que confiar en él- me dijo mientras metía un par de espadas en un gran bolso junto a su ropa.

-¿Crees que recuerde algo del....?

- No te preocupes por ello ahora Mercedes. ¿Estás lista?-

 

Abracé a Takeshi con fuerza. Era extraño como mi vida se había complicado tanto. Me sujetó por la barbilla y mirándome a los ojos me dijo

 

-No temas, Mercedes, a mi lado nada te pasará. Lo prometo.

 

Cómo no creerles a esos maravillosos ojos. Tomé su mano y bajamos las escaleras.

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Fujita nos llevó con él, a su casa.  Vivía solo en las afueras de la ciudad. Con Takeshi nos sonreímos, había cosas que nunca cambiaban, y a cada momento nos preguntábamos si realmente no recordaba nada del pasado.

 

Llevábamos dos días en aquel lugar cuando se presentó un auto de investigaciones en la puerta. Fujita no estaba y nada había dicho sobre esto. Takeshi comenzó a dudar. Trató de comunicarse al celular de Fujita, pero staba fuera de alcance. Al fin, ante la insistencia de los oficiales, decidimos ir con ellos. Antes de salir vi como Takeshi guardaba una espada en la espalda, bajo su chaqueta. Luego me hizo guardar una a mi de la misma forma. Eran unas espadas más cortas de lo normal, por lo que no se notaban bajo la ropa.

 

-¿Y tú crees que sabría usar esto?- le pregunté bajito

Me sujetó por los hombros y mirándome a los ojos me dijo- Tu sabes usarla, deja que tu corazón te guíe.

 

Subimos al auto con recelo, pero ya estaba hecho, no había vuelta atrás.  En ese instante venía llegando Fujita en su auto. Fue en ese momento que nos dimos cuenta del error que habíamos cometido. Con Takeshi nos miramos disimuladamente, sus ojos me decían que esperara. Tratando de no demostrar mi nerviosismo contesté las preguntas que me iban haciendo los supuestos oficiales. De pronto nos quedó claro lo que iban a hacer, ibamos hacia Chome, allí había una ballenera deshabitada.  El  auto se detuvo, nos hicieron bajar entre risas. Yo miraba a Takeshi, con los ojos medía el terreno y con su corazón planificaba como salir de esto. De pronto me habló muy rápido en japonés “entra al edificio lo más rápido que puedas y no mires atrás. ¡Ahora!” me dijo. Aprovechando el desconcierto que les causó esto a nuestros captores, corrí con todas mis fuerzas, mientras escuchaba como una espada cortaba el viento una y otra vez. Luego, un disparo.

 

-¡Kuso! ¡No mires hacia atrás!-le escuché gritar.

 

Corrí y me escondí entre los escombros del lugar. Vi entrar a uno de los supuestos ofciales con la pistola en la mano. Mi corazón no podía más de la angustia. No quería ni siquiera pensar en que Takeshi podía estar muerto.

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Fujita, al llegar y ver el auto que salía de la casa, nos siguió a distancia y con prudencia. Al llegar a la ballenera vió a Takeshi tratando de incorporarse, estaba mal herido. Se acercó a él. Pudo ver al otro hombre tirado en el suelo.

 

-¡Saitho! Tienes que ayudar a Mercedes-le dijo Takeshi

-Por un momento el capitán Fujita se quedó pensando, ese nombre.....

-Toma- le dijo Takeshi entregándole su espada, ve de una vez.

-Pero yo no  se usar esto- replicó

-Si sabes, además no traes arma.-le dijo Takeshi

-¿Cómo lo sabes?-

-Lo presentí. ¡Vamos, que esperas!

 

Las palabras de Takeshi habían removido algo en el interior del capitán. Este corrió hacia el viejo edificio y llegó justo a tiempo para ver como Mercedes intentaba quitarle el arma al otro hombre con sólo una espada.

 

-¡Ookami! -Le grité al verlo en el portal del edificio. Se veía como en el sueño. Una silueta blandiendo una espada arremetió contra mi perseguidor, derribándolo antes de que pudiese hacer algo. Mercedes corrió a su encuentro y lo abrazó con fuerza.

-Vamos a ver a Takeshi, está mal herido- me dijo medio desconcertado.

 

Afuera habían llegado las unidades de refuerzo que Fujita había solicitado en el camino. Ya estaban atendiendo a Takeshi. Con Fujita nos acercamos a él.

 

-Gracias Saitho, yo sabía que podías hacerlo. –le dijo Takeshi

-Fujita, mi nombre es Fujita. Bueno, aunque no se cómo, lo hice.