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CAPITULO VII
Estábamos en la oficina de Fujita. Ya
todo había terminado. Después de atrapar a los dos hombres que debían
matarnos, fueron cayendo los demás personajes que formaban aquella red de
narcotraficantes.
Con Takeshi decidimos irnos de la ciudad.
La verdad es que no estábamos muy tranquilos con todo esto. Decidimos ir a Japón.
Llevaríamos a la mamá de Takeshi con nosotros y volveríamos a una vieja casa
que su familia tenía en Osaka.
Esa última noche en Chile soñé con mi
pasado. Ya no me angustiaba por ello. Vi cómo llegaba a Japón, con una hija
pequeña, como Seijuro nos salvaba de un terrible destino. Vi a mi hija crecer
al alero de Seijuro mientras viví junto a Saitho. Supe cómo el corazón de mi
amado por fin se había abierto hacia mi. Vi mi propia muerte, serena, de la
mano de Seijuro Hiko. Aquella noche me quedó claro que mi vida sin él estaría
incompleta para siempre.
...........................................................
Estábamos por abordar el avión cuando
el capitán Fujita apareció ante nosotros. Venía a despedirse, sin saber porqué.
Takeshi recibió un llamado y se alejó
un momento para contestar. Y en ese momento ante mis asombrados ojos se reveló
Hajime Saitho. Me dijo que había recordado quienes habíamos sido, pero que
todo estaba bien como estaba.
-Dile a Seijuro que le estoy devolviendo
la mano- dijo con ese tono irónico que lo caracterizaba- y que no olvide- con
tono de broma - ¡Nadie
roba la mujer de un lobo, sin recibir su
castigo!- Luego me besó en los labios al
tiempo que acariciaba mi muñeca izquierda.
-No me olvides Mercedes, yo estaré
siempre que me necesites.-
Luego partió.
Me costó mucho borrar de mi mente la
imagen de esos ojos dorados.
Cuando le conté a Takeshi lo sucedido
con Fujita, sonrió y me dijo
-Ha sido mi culpa. Fue en la ballenera,
cuando estaba herido usé mi ki para que te rescatara. Al parecer eso le hizo
recordar.
-El Ki, el Ki.
¡Ya basta de eso! Todo lo que ha ocurrido a sido culpa tuya....... y te
lo agradezco Seijuro Hiko. Como alguna vez me dijera Megumi, eres un irreal
un....
-No- me interrumpió muerto de la risa,
ese comentario le hacía mucha gracia- ¿Cómo que un irreal? Tal vez un
semidios, pero ¿un irreal?
-Recordaba que eras arrogante, pero esto
es el colmo. ¡Baka!
-Nani? –me dijo- mejor llámame
Kamisama – dijo riéndose.
Fuimos por la madre de Takeshi que estaba
sentada más allá y abordamos el avión que nos llevaría a vivir una etapa más
de nuestras vidas