free hosting   image hosting   hosting reseller   online album   e-shop   famous people 
Free Website Templates
Free Installer

CAPITULO II

 

OOKAMI, LOBO SOLITARIO

 

Ya divisaba las luces de la ciudad. Kioto estaba cerca. El viaje desde Tokio había sido muy largo y más aún teniendo la cabeza llena de recuerdos, miedos e incertidumbre. Había dejado atrás a las únicas dos personas que tenía en éste mundo: Sahiko y Seijuro Hiko.

            Llevé el animal al paso. Sería bueno descansar un poco antes de entrar a la ciudad. Bajé del caballo y lo dejé pastar a la sombra. De pronto, tres hombres aparecieron ante mi. Era evidente que eran ladrones. Quise montar pero uno de ellos fue más rápido y tomó las riendas del animal. Iba a sacar mi espada cuando escuché el galopar de un caballo. Luego, su ágil jinete bajó con espada en mano, con fiera mirada. Vestía uniforme de policía y por su aspecto también llegaba de un largo viaje.

 

-Atrás de mi.  ¡Ahora! – me ordenó.

 

Sin decir una palabra cumplí con la orden, los años que llevaba viviendo con Hiko, me habían enseñado a no discutir cuando un espadachín decidía defenderte. Me paré  tras él, dándole la espalda. Me parecía que había alguien más entre los árboles. Con gran habilidad el oficial dejó sin sentido a los tres hombres que me habían querido atacar.  En ese momento, de entre los árboles salió un cuarto hombre; con un certero golpe lo envié al suelo, pero éste me lanzó un dardo que no pude esquivar. El viejo truco no fallaba.

 

-Sube a tu caballo, creo que esto ya ha ter....

 

Mi compañero de armas no alcanzó a terminar de decir sus palabras cuando caí al suelo derribada por un vértigo increíble, que me llevó hacia un mundo de oscuridad.

.........................

 

Abrí los ojos. La penumbra de la habitación me mantuvo como detenida en el tiempo. Intenté levantarme, pero el cuerpo me pesaba demasiado. Cerré los ojos nuevamente y estuve así hasta que presentí que alguien me observaba. Era él. Estaba apoyado en la puerta de la habitación fumando, iba descalzo y no llevaba camisa. Al darse cuenta de que estaba despierta, me habló desde la puerta.  No podía entender lo que me decía, la cabeza me dolía y estaba muy mareada. Logré sentarme y él se apresuró a sostenerme.

 

-¿Dónde estoy? –alcancé a decir antes de volver a caer en la oscuridad. Sentía dolor,  desesperación.

 

El se arrodilló a mi lado, sentí que sus brazos me rodeaban. Hundí mi cabeza en su pecho y me dejé llevar por los malos sueños de la droga que llevaba dentro. Veía a Inés corriendo en nuestra antigua casa en Tailandia “Inés.... Inés.” De pronto apareció ante mi Seijuro Hiko, anudaba el lazo que sostenía su cabello. Me tendió una mano.......no la alcanzo, pronuncia palabras que rebotan dentro de mi cabeza: tu Padre, sake, Kenshin, mi mujer........ Luego, los ojos de un lobo, mirándome.

 

Cuando desperté era de noche. Dormíamos sobre el futón, yo apoyada aún contra su pecho. Me sentí incómoda. Suavemente traté de levantarme, pero él se despertó tomándome por los brazos. Me arrodillé a su lado. No tenía fuerzas para tratar de liberarme.

 

-No temas, me llamo Saitho, Sahito  Hajime.  ¿Recuerdas lo que pasó? Cálmate, todo está bien. El dardo que dio en tu hombro tenía algún alucinógeno, pero parece que ya está pasando su efecto. ¿Estás mejor? No tienes buena cara.

-¿Dónde estamos? Saitho.

-Esta es mi casa, en Kioto. ¿Cómo te llamas?

-Saayo- dije, dudando si debía decirle como me llamaba al tiempo que con los ojos buscaba la salida.- Te agradezco todo lo que has hecho por mi, pero....

-Vamos, no te pongas nerviosa. No te morderé. Sólo nos encontramos en el camino y no iba a dejarte ahí herida.

-Lo siento, te doy las gracias Saitho San- dije inclinándome.

-Saitho San- repitió él despacio.

-¿dije algo malo?

-No, es que no muchas personas me llaman así......

 

Era un hombre alto de anchos hombros, pero delgado. A diferencia de Seijuro Hiko, usaba el cabello corto. Su agudo rostro y sus ojos rasgados le daban una apariencia especial.

 

-Creo que mejor sigo mi camino. Gracias....¿Por dónde..

-No seas tonta- me interrumpió- es casi media noche y es invierno. ¿Por qué no tomas un baño? Te quitas esa ropa sucia y descansas hasta mañana. Toma- me pasó un kimono blanco.

 

Me bañé y me vestí, preocupada, intranquila. Cuando volví a la habitación él ya se había retirado a dormir. Me había dejado el fuego encendido y algo de comer. Debo confesar que esa noche extrañé su pecho tibio.

 

Por la mañana lo encontré tomando té antes de partir a su trabajo. Era policía en Kioto. Vestía uniforme, pero usaba espada japonesa.

 

-¿Fuiste samurai?- pregunté.

-¿y tú? – sonrió.

 

Preferí sonreir por respuesta.

 

-Estoy listo para escoltarte a donde quieras.

-Busco el Dojo Kamiya, busco a Kenshin Himura

-¿Himura? ¿eres su amiga o enemiga?

-Saitho San, haces demasiadas preguntas.

-Tú no eres japonesa, pero .........

-Soy española, pero llevo algunos años en este país.

-¿Quién te envía? ¿a qué vienes?

-¿Hablo con el policía o con el hombre que me cuidó anoche?. Si lo conoces, te ruego me lleves con él.

 

Saitho guardó silencio. Luego se acercó a un pequeño altar de Buda y descolgó mi espada.

 

-Toma. Haré como que no la he visto. Un civil no debe portar armas.

 

Tomé la espada  que Hiko me diera y recordé sus manos, sus negros ojos...........

 

-Es una espada que te trae muchos recuerdos- me dijo. ¿Acaso son malos recuerdos?

-Pensar en los que amamos nunca es malo, Saitho. ¡Llévame al dojo por favor!

 

.............................................

 

Al llegar al Dojo, salió Kenshin a encontrarnos. No nos conocíamos, pero algo le hizo intuir  que venía enviada por Seijuro Hiko. Le entregué la nota que Hiko me diera y la leyó sin dejar de sorprenderse. Nada comentó sobre ella.

 

-Saitho- dijo entonces- Ella es una gran amiga de mi maestro Seijuro Hiko. Viene a pasar unos días junto a nosotros.

-¿Gran amiga?- dijo Saitho- Bien, que tengan un buen día – se despidió.

-Saitho San- me acerqué a él- Gracias por toda tu ayuda. Espero nos volvamos a ver.

-Tenlo por seguro- sonrió al tiempo que me guiñó un ojo.

.............................................

 

-¿Cómo lo conociste?- me preguntó Kaoru.

-En las afueras de la ciudad y me acompañó hasta aquí- no tenía ganas de contar lo ocurrido, por lo menos hasta conocerlos mejor a todos.

 

Kaoru me presentó a los demás. También me contó sobre Saitho.

 

-Es un ex -samurai del grupo Shingsen. Le llamaban “Ookami”, el lobo solitario.

 

Al escuchar esas palabras apareció ante mi la visión del lobo que había tenido la noche anterior. Seguramente la expresión que mi rostro tenía en ese momento hizo pensar a Kaoru que estaba interesada en Saitho. Sonreí cuando dijo

 

-Parece que el lobo solitario se enamoró de ti, es muy extraño que te haya acompañado hasta aquí- decía divertida por sus propias conjeturas.

 

Kenshin se sentó junto a nosotras y me comentó sobre la nota que Hiko enviara. Me preguntó por Sahiko. No entramos en detalles y prefirió no comentar nada que intranquilizara a Kaoru. Pude percibir en sus palabras que Hiko le había contado más cosas en aquella nota. Seguramente volveríamos a conversar cuando estuviéramos solos.

 

-Puedes quedarte el tiempo que desees. Creo que serás una buena compañía para Kaoru- dijo Kenshin mientras Kaoru asentía con una sonrisa.

-Ven. Dijo ella- vamos adentro. Quizás quieras cambiarte de ropa.... es extraño que viajaras con un kimono como ese, blanco. Bueno, disculpa que sea entrometida. Ven, te mostraré la casa.

 

Tras el comentario del kimono me dio la impresión de que Kenshin suponía que había ocurrido algo más entre Saitho y yo, y parecía preocuparle.

.....................

 

Los días pasaban y no tenía noticias de Hiko. La verdad es que los días en Kyoto se estaban transformando en una amplia soledad.

 

-¿Cómo conociste a Hiko? El es muy apuesto. ¿Acaso entre ustedes...

-Somos amigos -interrumpí- Hace ya varios años que nos conocemos, mi esposo está muerto y mi hija siempre ha visto a Hiko como a un padre. ¿Kenshin no te comentó nada? – pregunté curiosa.

-Kenshin es muy reservado, nada me ha dicho de ti. ¿Cómo conociste a Hiko?

-¡Kaoru! - dijo Kenshin entrando- creo que estás siendo indiscreta

-No te preocupes, no hay problema. Hiko nos tomó bajo su protección hace unos cuantos años atrás...

-No tienes que contar nada. Cada uno de nosotros tiene un oscuro pasado que olvidar- era Sanozuke que venía entrando- Kaoru es muy fea y siempre pregunta cosas indebidas.

-¡Sanosuke! – Kaoru tomó una vara de bambú y le dio con ella en la cabeza. Todos reimos.

 

......................................................................

 

Por la tarde Kenshin me pidió que le acompañara a caminar. Comenzó a preguntarme sobre nosotras. Hiko le había comentado sobre nuestro problema en aquella nota. Poco a poco fui contándole todo lo que había ocurrido, como habíamos llegado a Japón y como Hiko nos había protegido hasta ahora.

 

-Ella lo ve como su padre-

-Y él como a su propia hija. En la nota se refiere a ella como su hija. Por eso pensé..... que tú eras su mujer- me comentó Kenshin.

-Eso quisiera yo, pero tu maestro es..... es. Bien, por lo menos Sahiko ha sido una niña feliz. Adora a Hiko.

-Me alegra haber conversado contigo- me dijo Kenshin- Por un momento pensé que el maestro ya no te quería con él, pero veo que existen razones poderosas para que te encuentres aquí.

-Curiosamente pasaba por aquí- era Saitho- y recordé que tu caballo aún está en mi casa........Mercedes.

 

Me quedé helada. ¿Cómo sabía él mi nombre? Tal vez se lo dije aquella noche, pensé.

 

-Creí que el caballo se había perdido- dije

-Podríamos ir por él mas tarde- dijo Kenshin

-No te preocupes, si Saayo lo desea podemos ir caminando ahora. Salir del Dojo te haría bien, no se te ve muy contenta – se apresuró a decir Saitho.

-Si Kenshin me lo permite..........

-¡Saayo! Eres libre de hacer lo que quieras, más ahora que se cuál es tu verdadera relación con..............

-Disculpa que te interrumpa, Kenshin, pero si te refieres a Hiko, tengo noticias.

-¡Hiko! ¿Le ha pasado algo? Saitho dime.

-Calma mujer, el está bien. Escuché decir que viene en viaje hacia Kioto. Debe llegar esta semana- dijo Saitho.

-¿Cómo lo sabes?- pregunté- ¿y cómo sabes mi verdadero nombre?

-La policía averigua muchas cosas- guardó silencio por un rato. Hace unos días ocurrió un incidente en el mercado de Tokio. Seijuro Hiko se batió a duelo con un grupo de tailandeses. Por supuesto que todo quedó aclarado después que Hiko contara al jefe de la policía las razones que tenían estos hombres........ Por eso se tu nombre Mercedes.

-¡Hiko!- exclamé- al tiempo que mi corazón latía angustiado.

-¿Me acompañas? Creo que sería bueno, podrías aclararme algunas cosas.

-¿A quién? –dije un poco molesta ¿Al policía o..?

-¿o a quién? – se apuró en decir Saitho, antes de que yo dejara en evidencia lo ocurrido al llegar a la ciudad. Preferí callar.

-Kenshin, si no te molesta... creo que me están invitando a cenar-dije.

-Ve, pero será mejor que se apuren, pronto va a llover- respondió Kenshin y luego agregó -Saitho, Seijuro Hiko confía en que estoy protegiendo a Saayo.

-No dudes de mis habilidades con la espada. Digamos que es parte de nuestro código samurai. No te preocupes por ella. Además- dijo con ojos risueños -Creo que Saayo sabe defenderse mejor  de lo que te imaginas. A propósito- dijo mirándome- ¿Cómo está tu herida?

-¿Herida? ¿Estás herida?- preguntó Kenshin preocupado.

-Vamos, no lo tomes en serio- dije rápidamente.

-Será mejor que nos vayamos de una vez- dijo Saitho.

-Está bien, Confío en que Saitho te traerá de regreso sana y salva. Adiós- dijo Kenshin y comenzó su regreso hacia el Dojo, con la cabeza llena de conjeturas.

 

..........................................................

 

Caminamos en silencio un buen rato. La verdad es que lo agudo que podía ser Saitho para sus comentarios y bromas me había dejado un poco molesta. Sin embargo, algo en él me atraía, algo extraño e interesante a la vez.

La lluvia comenzó a caer antes de que llegáramos a la casa. Corrimos. Nos sentamos bajo el alero y nos quitamos los zapatos. Nos reimos. Parecíamos un par de chiquillos que habían estado jugando bajo la lluvia. Saitho se quitó la chaqueta y la camisa mojadas.

 

-Entremos- me dijo- encenderé fuego.

 

Por un momento me sentí distinta. La imagen de Hiko que mantenía constantemente en mi corazón se veía borrosa.. me quedé pensativa, en otro lugar, hasta que sentí la voz de Saitho y me levanté para entrar.

 

-Saitho.. la otra noche... yo....

 

Puso suavemente sus manos sobre mis hombros. Acarició mis cabellos mojados y me miró en silencio.

 

-Va a ser una noche muy fría y creo que seguirá lloviendo- me dijo. Será mejor que te quites la ropa mojada. Espera un momento, ya vuelvo.

 

Regresó con un kimono y me lo dio.

 

-Ve a cambiarte, yo prenderé el fuego.

 

Caminé por el pasillo en penumbras y recordé la noche que Saitho me cuidara. Entré en su habitación y me quité la ropa mojada.

 

............................................

 

-Dime, ¿amas a Hiko?

-¿Acaso te preocupa?- contesté

 

No me contestó nada, atizó el fuego y luego se me acercó. Sus ojos me miraron fijamente, con pasión, con ternura. Sentí que sus brazos me rodeaban. Buscó mi boca y me besó, con pasión y deseo. No supe que decir o hacer. El corazón se me escapaba del pecho.

 

-Ojalá pudieses confiar en mi. Quisiera poder protegerte... cuidar de ti- murmuraba mientras me besaba. No soy el tipo malo que te han contado.

 

Miré a sus ojos. Ookami pensé y me dejé seducir por esos ojos, su piel tibia y las suaves caricias de sus labios. Habíamos dejado de ser dos guerreros y nos estábamos convirtiendo en apasionados amantes. Sentí como sus manos buscaban el lazo del kimono y cómo caía éste luego. Me tomó en sus brazos y le besé con pasión. Me llevó frente al fuego y allí nos amamos sin pasados ni futuros, sólo nos amamos.

Esa noche fue una de las noches más felices de mi vida. Me sentí amada, protegida, segura. Saitho era un ser maravilloso. Era bueno sentirse así después de tanto tiempo.