| free hosting image hosting hosting reseller online album e-shop famous people | ||
![]() ![]() |
||
OOKAMI, LOBO SOLITARIO
Ya
divisaba las luces de la ciudad. Kioto estaba cerca. El viaje desde Tokio había
sido muy largo y más aún teniendo la cabeza llena de recuerdos, miedos e
incertidumbre. Había dejado atrás a las únicas dos personas que tenía en éste
mundo: Sahiko y Seijuro Hiko.
Llevé el animal al paso. Sería bueno
descansar un poco antes de entrar a la ciudad. Bajé del caballo y lo dejé
pastar a la sombra. De pronto, tres hombres aparecieron ante mi. Era evidente
que eran ladrones. Quise montar pero uno de ellos fue más rápido y tomó las
riendas del animal. Iba a sacar mi espada cuando escuché el galopar de un
caballo. Luego, su ágil jinete bajó con espada en mano, con fiera mirada. Vestía
uniforme de policía y por su aspecto también llegaba de un largo viaje.
-Atrás
de mi. ¡Ahora! – me ordenó.
Sin
decir una palabra cumplí con la orden, los años que llevaba viviendo con Hiko,
me habían enseñado a no discutir cuando un espadachín decidía defenderte. Me
paré tras él, dándole la
espalda. Me parecía que había alguien más entre los árboles. Con gran
habilidad el oficial dejó sin sentido a los tres hombres que me habían querido
atacar. En ese momento, de entre los árboles salió un cuarto
hombre; con un certero golpe lo envié al suelo, pero éste me lanzó un dardo
que no pude esquivar. El viejo truco no fallaba.
-Sube
a tu caballo, creo que esto ya ha ter....
Mi
compañero de armas no alcanzó a terminar de decir sus palabras cuando caí al
suelo derribada por un vértigo increíble, que me llevó hacia un mundo de
oscuridad.
.........................
Abrí
los ojos. La penumbra de la habitación me mantuvo como detenida en el tiempo.
Intenté levantarme, pero el cuerpo me pesaba demasiado. Cerré los ojos
nuevamente y estuve así hasta que presentí que alguien me observaba. Era él.
Estaba apoyado en la puerta de la habitación fumando, iba descalzo y no llevaba
camisa. Al darse cuenta de que estaba despierta, me habló desde la puerta.
No podía entender lo que me decía, la cabeza me dolía y estaba muy
mareada. Logré sentarme y él se apresuró a sostenerme.
-¿Dónde
estoy? –alcancé a decir antes de volver a caer en la oscuridad. Sentía
dolor, desesperación.
El
se arrodilló a mi lado, sentí que sus brazos me rodeaban. Hundí mi cabeza en
su pecho y me dejé llevar por los malos sueños de la droga que llevaba dentro.
Veía a Inés corriendo en nuestra antigua casa en Tailandia “Inés.... Inés.”
De pronto apareció ante mi Seijuro Hiko, anudaba el lazo que sostenía su
cabello. Me tendió una mano.......no la alcanzo, pronuncia palabras que rebotan
dentro de mi cabeza: tu Padre, sake, Kenshin, mi mujer........ Luego, los ojos
de un lobo, mirándome.
Cuando
desperté era de noche. Dormíamos sobre el futón, yo apoyada aún contra su
pecho. Me sentí incómoda. Suavemente traté de levantarme, pero él se despertó
tomándome por los brazos. Me arrodillé a su lado. No tenía fuerzas para
tratar de liberarme.
-No
temas, me llamo Saitho, Sahito Hajime.
¿Recuerdas lo que pasó? Cálmate, todo está bien. El dardo que dio en
tu hombro tenía algún alucinógeno, pero parece que ya está pasando su
efecto. ¿Estás mejor? No tienes buena cara.
-¿Dónde
estamos? Saitho.
-Esta
es mi casa, en Kioto. ¿Cómo te llamas?
-Saayo-
dije, dudando si debía decirle como me llamaba al tiempo que con los ojos
buscaba la salida.- Te agradezco todo lo que has hecho por mi, pero....
-Vamos, no
te pongas nerviosa. No te morderé. Sólo nos encontramos en el camino y no iba
a dejarte ahí herida.
-Lo siento,
te doy las gracias Saitho San- dije inclinándome.
-Saitho San-
repitió él despacio.
-¿dije algo
malo?
-No, es que
no muchas personas me llaman así......
Era un
hombre alto de anchos hombros, pero delgado. A diferencia de Seijuro Hiko, usaba
el cabello corto. Su agudo rostro y sus ojos rasgados le daban una apariencia
especial.
-Creo que
mejor sigo mi camino. Gracias....¿Por dónde..
-No seas
tonta- me interrumpió- es casi media noche y es invierno. ¿Por qué no tomas
un baño? Te quitas esa ropa sucia y descansas hasta mañana. Toma- me pasó un
kimono blanco.
Me bañé y
me vestí, preocupada, intranquila. Cuando volví a la habitación él ya se había
retirado a dormir. Me había dejado el fuego encendido y algo de comer. Debo
confesar que esa noche extrañé su pecho tibio.
Por la mañana
lo encontré tomando té antes de partir a su trabajo. Era policía en Kioto.
Vestía uniforme, pero usaba espada japonesa.
-¿Fuiste
samurai?- pregunté.
-¿y tú?
– sonrió.
Preferí
sonreir por respuesta.
-Estoy listo
para escoltarte a donde quieras.
-Busco el
Dojo Kamiya, busco a Kenshin Himura
-¿Himura?
¿eres su amiga o enemiga?
-Saitho San,
haces demasiadas preguntas.
-Tú no eres
japonesa, pero .........
-Soy española,
pero llevo algunos años en este país.
-¿Quién te
envía? ¿a qué vienes?
-¿Hablo con
el policía o con el hombre que me cuidó anoche?. Si lo conoces, te ruego me
lleves con él.
Saitho guardó
silencio. Luego se acercó a un pequeño altar de Buda y descolgó mi espada.
-Toma. Haré
como que no la he visto. Un civil no debe portar armas.
Tomé la
espada que Hiko me diera y recordé sus manos, sus negros
ojos...........
-Es una
espada que te trae muchos recuerdos- me dijo. ¿Acaso son malos recuerdos?
-Pensar en
los que amamos nunca es malo, Saitho. ¡Llévame al dojo por favor!
.............................................
Al llegar al
Dojo, salió Kenshin a encontrarnos. No nos conocíamos, pero algo le hizo
intuir que venía enviada por
Seijuro Hiko. Le entregué la nota que Hiko me diera y la leyó sin dejar de
sorprenderse. Nada comentó sobre ella.
-Saitho-
dijo entonces- Ella es una gran amiga de mi maestro Seijuro Hiko. Viene a pasar
unos días junto a nosotros.
-¿Gran
amiga?- dijo Saitho- Bien, que tengan un buen día – se despidió.
-Saitho San-
me acerqué a él- Gracias por toda tu ayuda. Espero nos volvamos a ver.
-Tenlo por
seguro- sonrió al tiempo que me guiñó un ojo.
.............................................
-¿Cómo lo
conociste?- me preguntó Kaoru.
-En las
afueras de la ciudad y me acompañó hasta aquí- no tenía ganas de contar lo
ocurrido, por lo menos hasta conocerlos mejor a todos.
Kaoru me
presentó a los demás. También me contó sobre Saitho.
-Es un ex
-samurai del grupo Shingsen. Le llamaban “Ookami”, el lobo solitario.
Al
escuchar esas palabras apareció ante mi la visión del lobo que había tenido
la noche anterior. Seguramente la expresión que mi rostro tenía en ese momento
hizo pensar a Kaoru que estaba interesada en Saitho. Sonreí cuando dijo
-Parece
que el lobo solitario se enamoró de ti, es muy extraño que te haya acompañado
hasta aquí- decía divertida por sus propias conjeturas.
Kenshin
se sentó junto a nosotras y me comentó sobre la nota que Hiko enviara. Me
preguntó por Sahiko. No entramos en detalles y prefirió no comentar nada que
intranquilizara a Kaoru. Pude percibir en sus palabras que Hiko le había
contado más cosas en aquella nota. Seguramente volveríamos a conversar cuando
estuviéramos solos.
-Puedes
quedarte el tiempo que desees. Creo que serás una buena compañía para Kaoru-
dijo Kenshin mientras Kaoru asentía con una sonrisa.
-Ven.
Dijo ella- vamos adentro. Quizás quieras cambiarte de ropa.... es extraño que
viajaras con un kimono como ese, blanco. Bueno, disculpa que sea entrometida.
Ven, te mostraré la casa.
Tras
el comentario del kimono me dio la impresión de que Kenshin suponía que había
ocurrido algo más entre Saitho y yo, y parecía preocuparle.
.....................
Los
días pasaban y no tenía noticias de Hiko. La verdad es que los días en Kyoto
se estaban transformando en una amplia soledad.
-¿Cómo
conociste a Hiko? El es muy apuesto. ¿Acaso entre ustedes...
-Somos
amigos -interrumpí- Hace ya varios años que nos conocemos, mi esposo está
muerto y mi hija siempre ha visto a Hiko como a un padre. ¿Kenshin no te comentó
nada? – pregunté curiosa.
-Kenshin es
muy reservado, nada me ha dicho de ti. ¿Cómo conociste a Hiko?
-¡Kaoru! -
dijo Kenshin entrando- creo que estás siendo indiscreta
-No te
preocupes, no hay problema. Hiko nos tomó bajo su protección hace unos cuantos
años atrás...
-No tienes
que contar nada. Cada uno de nosotros tiene un oscuro pasado que olvidar- era
Sanozuke que venía entrando- Kaoru es muy fea y siempre pregunta cosas
indebidas.
-¡Sanosuke!
– Kaoru tomó una vara de bambú y le dio con ella en la cabeza. Todos reimos.
......................................................................
Por la tarde
Kenshin me pidió que le acompañara a caminar. Comenzó a preguntarme sobre
nosotras. Hiko le había comentado sobre nuestro problema en aquella nota. Poco
a poco fui contándole todo lo que había ocurrido, como habíamos llegado a Japón
y como Hiko nos había protegido hasta ahora.
-Ella lo ve
como su padre-
-Y él como
a su propia hija. En la nota se refiere a ella como su hija. Por eso pensé.....
que tú eras su mujer- me comentó Kenshin.
-Eso
quisiera yo, pero tu maestro es..... es. Bien, por lo menos Sahiko ha sido una
niña feliz. Adora a Hiko.
-Me alegra
haber conversado contigo- me dijo Kenshin- Por un momento pensé que el maestro
ya no te quería con él, pero veo que existen razones poderosas para que te
encuentres aquí.
-Curiosamente
pasaba por aquí- era Saitho- y recordé que tu caballo aún está en mi
casa........Mercedes.
Me quedé
helada. ¿Cómo sabía él mi nombre? Tal vez se lo dije aquella noche, pensé.
-Creí que
el caballo se había perdido- dije
-Podríamos
ir por él mas tarde- dijo Kenshin
-No te
preocupes, si Saayo lo desea podemos ir caminando ahora. Salir del Dojo te haría
bien, no se te ve muy contenta – se apresuró a decir Saitho.
-Si Kenshin
me lo permite..........
-¡Saayo!
Eres libre de hacer lo que quieras, más ahora que se cuál es tu verdadera
relación con..............
-Disculpa
que te interrumpa, Kenshin, pero si te refieres a Hiko, tengo noticias.
-¡Hiko! ¿Le
ha pasado algo? Saitho dime.
-Calma
mujer, el está bien. Escuché decir que viene en viaje hacia Kioto. Debe llegar
esta semana- dijo Saitho.
-¿Cómo lo
sabes?- pregunté- ¿y cómo sabes mi verdadero nombre?
-La policía
averigua muchas cosas- guardó silencio por un rato. Hace unos días ocurrió un
incidente en el mercado de Tokio. Seijuro Hiko se batió a duelo con un grupo de
tailandeses. Por supuesto que todo quedó aclarado después que Hiko contara al
jefe de la policía las razones que tenían estos hombres........ Por eso se tu
nombre Mercedes.
-¡Hiko!-
exclamé- al tiempo que mi corazón latía angustiado.
-¿Me acompañas?
Creo que sería bueno, podrías aclararme algunas cosas.
-¿A quién?
–dije un poco molesta ¿Al policía o..?
-¿o a quién?
– se apuró en decir Saitho, antes de que yo dejara en evidencia lo ocurrido
al llegar a la ciudad. Preferí callar.
-Kenshin, si
no te molesta... creo que me están invitando a cenar-dije.
-Ve, pero
será mejor que se apuren, pronto va a llover- respondió Kenshin y luego agregó
-Saitho, Seijuro Hiko confía en que estoy protegiendo a Saayo.
-No dudes de
mis habilidades con la espada. Digamos que es parte de nuestro código samurai.
No te preocupes por ella. Además- dijo con ojos risueños -Creo que Saayo sabe
defenderse mejor de lo que te
imaginas. A propósito- dijo mirándome- ¿Cómo está tu herida?
-¿Herida?
¿Estás herida?- preguntó Kenshin preocupado.
-Vamos, no
lo tomes en serio- dije rápidamente.
-Será mejor
que nos vayamos de una vez- dijo Saitho.
-Está bien,
Confío en que Saitho te traerá de regreso sana y salva. Adiós- dijo Kenshin y
comenzó su regreso hacia el Dojo, con la cabeza llena de conjeturas.
..........................................................
Caminamos en
silencio un buen rato. La verdad es que lo agudo que podía ser Saitho para sus
comentarios y bromas me había dejado un poco molesta. Sin embargo, algo en él
me atraía, algo extraño e interesante a la vez.
La lluvia
comenzó a caer antes de que llegáramos a la casa. Corrimos. Nos sentamos bajo
el alero y nos quitamos los zapatos. Nos reimos. Parecíamos un par de
chiquillos que habían estado jugando bajo la lluvia. Saitho se quitó la
chaqueta y la camisa mojadas.
-Entremos-
me dijo- encenderé fuego.
Por un
momento me sentí distinta. La imagen de Hiko que mantenía constantemente en mi
corazón se veía borrosa.. me quedé pensativa, en otro lugar, hasta que sentí
la voz de Saitho y me levanté para entrar.
-Saitho.. la
otra noche... yo....
Puso
suavemente sus manos sobre mis hombros. Acarició mis cabellos mojados y me miró
en silencio.
-Va a ser
una noche muy fría y creo que seguirá lloviendo- me dijo. Será mejor que te
quites la ropa mojada. Espera un momento, ya vuelvo.
Regresó con
un kimono y me lo dio.
-Ve a
cambiarte, yo prenderé el fuego.
Caminé por
el pasillo en penumbras y recordé la noche que Saitho me cuidara. Entré en su
habitación y me quité la ropa mojada.
............................................
-Dime, ¿amas
a Hiko?
-¿Acaso te
preocupa?- contesté
No me
contestó nada, atizó el fuego y luego se me acercó. Sus ojos me miraron
fijamente, con pasión, con ternura. Sentí que sus brazos me rodeaban. Buscó
mi boca y me besó, con pasión y deseo. No supe que decir o hacer. El corazón
se me escapaba del pecho.
-Ojalá
pudieses confiar en mi. Quisiera poder protegerte... cuidar de ti- murmuraba
mientras me besaba. No soy el tipo malo que te han contado.
Miré a sus
ojos. Ookami pensé y me dejé seducir por esos ojos, su piel tibia y las suaves
caricias de sus labios. Habíamos dejado de ser dos guerreros y nos estábamos
convirtiendo en apasionados amantes. Sentí como sus manos buscaban el lazo del
kimono y cómo caía éste luego. Me tomó en sus brazos y le besé con pasión.
Me llevó frente al fuego y allí nos amamos sin pasados ni futuros, sólo nos
amamos.
Esa noche
fue una de las noches más felices de mi vida. Me sentí amada, protegida,
segura. Saitho era un ser maravilloso. Era bueno sentirse así después de tanto
tiempo.