free hosting   image hosting   hosting reseller   online album   e-shop   famous people 
Free Website Templates
Free Installer

CAPITULO III

 

DESPEDIDA DE UN GUERRERO

 

-¡Maestro! – dijo Kenshin sorprendido al ver llegar al dojo a Hiko Seijuro.

-Estúpido estudiante ¿Cómo estás?- respondió Hiko - Pensé que sería bueno venir. Los problemas de Saayo parece que pronto terminarán, pero necesitamos que vuelva a Tokyo.

-¡Maestro! – dijo Kenshin un poco preocupado por la reacción que su maestro podía tener al enterarse que Saayo no se encontraba allí – Saayo llegará pronto.

-¿Cómo ? –dijo Hiko más sorprendido que preocupado - ¿Con quién está?

-Está con Hajime Saitho en.........

-Hajime, del grupo Shingsen. Bueno, el policía. Los tiempos cambian y.... – se quedo pensativo por un momento, luego, con una de sus acostumbradas sonrisas dijo tratando de hacer como que no le daba mucha importancia al asunto- No fue mala elección, por lo menos es un hombre valiente.

-No entiendo Maestro, tu rostro me habla con el corazón, pero me parece que tu fría cabeza niega lo que realmente sientes por ella.

-Mira Kenshin, prefiero no seguir con este tema. Sólo te diré que ella es joven y se merece un tipo que la ame de verdad. Un tipo corriente que le de una vida normal y no un ...

-Y no un arrogante como tú- dijo Sanozuke apareciendo a la entrada de la casa.

-Aún no maduras mocoso impertinente- dijo Hiko mientras le golpeaba la espalda amistosamente. Luego continuó diciendo – A veces el pasado de un hombre se convierte para siempre en su presente........y creo que tú bien lo sabes Kenshin. Aunque la amara..... - bajó los ojos, por un momento su voz dejó de ser ruda y no terminó la frase. –Llévame con ellos, necesito hablar con Saayo. Además, presiento que me siguen, será bueno que me acompañes Kenshin, pude haber problemas.

-¿Problemas? –dijo Sanozuke mientras bostezaba ruidosamente- ese es mi segundo nombre.

-Acompáñanos –dijo Hiko burlándose de Sanozuke- tal vez aprendas algo de mi.

-¡Deja de ser tan arrogante Maestro Hiko! – dijo Sanozuke metiendo las manos en los bolsillos, al tiempo que enojado comenzaba a caminar junto a ellos.

 

........................

 

Sahito estaba fumando apoyado a la entrada de la casa, cuando vio que venían Hiko, Kenshin y Sanozuke por el camino.

 

-¡Saitho!- saludó Kenshin- Mi maestro necesita hablar con Saayo.

-Himura, Seijuro, buenos días. ¿Acaso ocurre algo malo, que han venido tan temprano hasta aquí?-se apresuró a preguntar Saitho.

-También te saludo Saitho_ dijo Sanozuke molesto.

-Por favor, será mejor entrar- les invitó Saitho, sin responder a Sanozuke.

 

Una vez adentro Hiko y Saitho comentaron el incidente del mercado en Tokio. Tras lo cual Saitho preguntó a Hiko - ¿Por qué la buscan? ¿Acaso tú lo sabes?-

-Fanatismo religoso, venganza........ entre otras cosas- dije entrando en la habitación. Me acerqué a Hiko y le abracé con cariño.

 

El me abrazó con fuerza y luego me besó en la frente, ante los sorprendidos ojos de Kenshin y Sanozuke. No podían creer que un hombre como él tuviera su lado cariñoso. Saitho encendió un cigarro.

 

-¿Cómo te ha sabido el sake? ¿Bien?- me dijo Hiko maliciosamente al tiempo que me sujetaba por la cintura para que no pudiera evadir su mirada. Luego me dijo al oído- No sabes cuánto me alegraría que así fuera-

 

Un momento de confusión en mi cabeza y en mi corazón. Esperaba una escena de celos, no esto.

 

-No me confundas Hiko- le reprimí- Además bien sabes que no bebo sake- le dije apartándolo de mi.

 

De pronto una saeta entró en rápido vuelo hasta clavarse al lado de Buda. Todos nos pusimos en guardia. Hiko me sujetó y se paró frente a mí, sin tocar su espada.

 

-Es mi culpa- me susurró- debí matarlos a todos antes de venir aquí.

 

Apoyé mi frente en su espalda y le dije -¿Me perdonarás algún día Seijuro Hiko?

-¿Por Saitho o por los tailandeses? – dijo sonriendo- Nada me debes y luchar me mantiene joven.

 

En ese momento dos hombres entraron a toda velocidad a la habitación. No prestaron atención a nadie más que a mi y antes que ninguno de mis protectores alcanzara a detenerlos, una lluvia de dardos voló hacia donde estábamos con Hiko. El me abrazó, cubriéndome con su cuerpo. Cuando Kenshin y Saitho derribaron a los dos hombres, ya era demasiado tarde. Hiko comenzó a caer de rodillas frente a mis ojos.

-¡Hiko!- grité al tiempo que un tercer hombre entraba por el otro lado de la habitación con una espada en alto. Sin dudarlo desenvainé la espada de Hiko y lo derribé con rabia y dolor. Sanozuke, Kenshin y Saitho me miraron con la boca abierta. Hasta ese momento no habían conocido a la verdadera Saayo.

Me arrodillé al lado de Hiko y apoyé mi cabeza en su pecho.

 

-¡Hiko! No puedes dejarme, por Dios. ¿Quién cuidará de nosotras ahora?

Tienes que resistir. ¡Hiko!, ¡Hiko! –sin poder creerlo estaba viendo como aquel enorme guerrero perdía su última batalla- ¡Te amo! ¡No mueras!

-Saitho..... te ama- me dijo al oído y cerró sus ojos.

 

-Será mejor llevarlo a mi dormitorio- dijo Saitho a Kenshin – Y tú, Sanozuke, corre por Megumi.

 

Sano corrió en busca de Megumi, temiendo no alcanzar a llegar ante el fatal descenlace que parecía venir.

 

.........................................................

 

Lo recostaron en el mismo lecho que compartiera la noche anterior con Saitho. Le desvestí y traté de limpiar sus heridas y detener las hemorragias. No había nada más que pudiese hacer. De pronto Hiko abrió sus ojos.

 

-Me alegra morir como samurai, luchando, pero me avergüenza haber sido defendido por una mujer- dijo, tratando de bromear, mostrando valor ante la muerte.

-Cierra la boca. Tu espada nos defendió como siempre- le contesté.

-Lo hiciste muy bien Saayo. Ahora vete, déjame en paz - me dijo.

-No me iré. Te amo y me quedaré a tu lado. Además, no puedes irte sin decirme que me has amado ¿o no ha sido así?- acaricié su frente.

 

Me miró largo rato con sus hermosos ojos negros. Esos ojos valientes que alguna vez consolaron mi corazón, esos ojos que una vez vieran en mi a la otra Saayo, de la cual siempre había estado celosa. Esos ojos que vieran en Sahiko a su hija. Luego los cerró y con mucho esfuerzo dijo:

 

-Nunca tuve el valor para tomarte como mi mujer. No te protegí para eso. Preferí tenerlas a mi lado en paz, así estar por siempre. He sido un estúpido al no entender el corazón de esta mujer a tiempo.

 

Apoyé mi cara contra su pecho y comencé a llorar, en silencio – siempre me he sentido tuya. Jamás.......yo... Te he amado desde el día en que me libraste de la muerte.

 

-¿Pueden dejarnos solos? Quisiera despedirme de mi mujer.........a solas. –dijo Hiko dirigiéndose a Saitho y Kenshin. Estos se miraron y dejaron el cuarto, cerrando la puerta tras de sí.

 

-¿Lloras? – me dijo

-No, es la lluvia..........

-¿En tus ojos? Eso me decía siempre Sahiko. Mi pequeña Sahiko..........mi única hija.

-Vamos, deja de hablar, solo pierdes tus fuerzas.

 

Me quedó mirando con unos ojos que me decían todas las cosas que nunca nos habíamos atrevido a decir.

 

-Trata de ser feliz con Saitho. Olvídame.

 

Le cerré la boca con un beso y me tendí a su lado. Lo abracé.

 

-Nunca nadie te amará como yo, Mercedes- dijo al tiempo que me comenzó a soltar el kimono. Hiko nunca dejó de sorprenderme. Me hizo subir sobre él y nos amamos por unos minutos, en silencio y con gran esfuerzo de su parte. El latir de nuestros corazones nos guió por un tiempo sin tiempo, por aquellos lugares donde un segundo son horas.

......................

 

Cuando llegó Megumi ya era de noche. Nadie había tenido valor para entrar al cuarto. Me había vestido con las ropas sucias de sangre y había llorado de rabia y de amor.

Hiko yacía quieto, con los ojos cerrados. Una expresión tranquila iluminaba su rostro. Su respiración se hacía cada vez más dificultosa.

 

 

 

VAYA, POR FIN DECIDO ENVIARLO. AQUÍ VAN LOS TRES PRIMEROS CAPITULOS. ESPERO QUE LES GUSTARA. CHICO SORPRENDENTE ESTE HIKO, “PATA DE LAUCHA”, COMO DECIMOS EN CHILE CUANDO ALGUIEN ESTÁ QUE SE MUERE, ¡PERO SE LA PUDO EL HOMBRE!

MERCEDES, GOLOZA, ¿POR QUIEN TE DECIDIRAS?

 

SEIJURO SUSUME