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CAPITULO IV

 

EL DESCUBRIMIENTO DE UN CORAZON

 

Megumi pasó gran parte de la noche tratando de impedir la muerte de Hiko. La sustancia que contenían los dardos era muy potente y actuaban de forma distinta a todos los alucinógenos que normalmente se usaban con este fin en Japón. Sin embargo, Hiko aún vivía.

Por la mañana sólo el frío y el silencio me acompañaban mientras rogaba para que su respiración no cesara. De pronto abrió los ojos y se quedó en el infinito, como buscando fuerzas. Le hablé pero no estaba conmigo, sus oídos no me escuchaban. En eso apareció Kenshin, me traía una manta. El lugar estaba muy frío. Afuera llovía.

 

-¿Cómo está?- preguntó suavemente- te traigo una manta, hace mucho frío aquí.

-Megumi no quiso encender el fuego. Cree que el frío puede ayudar a disminuir su reacción al veneno. Míralo ahí, con los ojos en la nada.

-Estoy seguro que volverá a nosotros, no quiero pensar otra cosa. El es muy fuerte. –agregó.

 

Mis ojos se llenaron de lágrimas.

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Ya cerca del medio día volvió Saitho. Había estado en la estación de policía interrogando a los tres hombres que asaltaran la casa. Sin embargo, no habían pronunciado palabra alguna.

Me tomó por un brazo para que lo acompañara afuera. Llamó a Kenshin.

 

-Hiko venía a buscarte para llevarte de vuelta a Tokio. Tu embajada está realizando algunos trámites . Con todo esto salió a la luz .....quien eres. Creo que si partimos de inmediato podemos solucionar todo esto y evitar que te hagan abandonar el país.

 

Lo miré fijamente a los ojos. ¿Acaso sabía realmente quién era yo? Esto complicaba aún más mi vida y la de Sahiko.

 

-¿A qué te refieres con partir de inmediato Saitho?. No quisiera moverme del lado de Hiko hasta no saber que va a ocurrir.- le dije

-Creo que no tenemos alternativa. Las cosas se están sucediendo demasiado rápido como para que esperemos.........Creo que debemos irnos ya – insistió Saitho.

-¿Cuántos hombres.... ¿Cuántos tailandeses  han detenido hasta ahora?- pregunté.

Tres en  el mercado y tres ayer aquí en la casa – dijo Kenshin- ¿por qué lo preguntas?

-Sólo preguntaba- luego, encaminándome hacia donde se encontraba Hiko dije pensando en voz alta- Esto aún no termina. -Saitho movió la cabeza, sin comprender mis palabras.

 

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-¡Hiko, no me abandones! –le susurré al oído, mientras intentaba aclarar mi cabeza para tomar una decisión. No sabía si partir con Saitho y solucionar mis problemas o quedarme allí. Cualquier decisión que tomara tenía algo negativo en mi contra.

 

De pronto, Hiko comenzó a regresar. No podía creerlo. Lo abracé con fuerza hasta que le oí murmurar mi nombre. Los demás corrieron hacia nosotros, la verdad es que era como que algo imposible estaba ocurriendo. Megumi comenzó a examinarlo.

 

-No sé que ocurre, pero creo que el peligro ya ha pasado –dijo Megumi.

 

Hiko aún estaba como en trance, pero se movía y nos miraba. Luego, como volviendo al presente me dijo.

 

-Debes ir a Tokio. Urgente

-He tratado de convencerla –le dijo Saitho- pero no ha querido moverse de tu lado. Tal vez ahora me haga caso.

-Ve Mercedes, no pienso morir aún- me dijo Hiko

-¿Esperarás aquí hasta que regrese? –le pregunté, pero no obtuve respuesta alguna.

 

Me despedí con un “hasta pronto” y un beso en los labios. Confiaría en Megumi y el resto. A mi regreso encontraría al Hiko de siempre esperándome.

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-Apresurémonos- me dijo Saitho- un carruaje nos llevará....¿Así partirás? Creo que sería buena idea buscarte algo de ropa limpia. Ven conmigo-

Saitho tenía razón. Aún llevaba puestas las ropas sucias con la sangre de Hiko. Así que le seguí.

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-¡Pero maestro Hiko! ¿Qué crees que haces? –alcanzó a decir Megumi, cuando Hiko ya se había puesto las botas. Corrió hacia él y le quitó la camisa de las manos.

-¡Ken!, ¡Ken!, ¡apresúrate!- le gritó a Kenshin para que viniese a ayudar a detener a Hiko.

-Maestro ¿qué haces? – le preguntó Kenshin.

-Cállense los dos. No soporto la idea de que Mercedes se vaya con....-mejor no terminó la frase, comenzaba a darse cuenta de que su fría cabeza estaba dejándose llevar por el corazón. Avanzó hacia la puerta tambaleándose. Megumi al no poder detenerlo se interpuso y se le abrazó.

-No Maestro Hiko, por favor, no sigas. No te dejaré partir así. Vete mañana o pasado mañana. Recupera tus fuerzas primero-

 

Hiko se quedó de pie abrazado de Megumi, dolido. Sabía que ella estaba en lo cierto. Su corazón le pasaba una mala jugada.

 

-Quiero hablar con Saitho- dijo mirando a Kenshin.

 

Kenshin fue en su busca y lo encontró esperando a  Mercedes.

 

-Hiko quiere verte antes de que partan, Saitho-

 

Saitho caminó hacia el cuarto donde estaba Hiko. Este se encontraba sentado, esperándolo y cuando le vió llegar hizo una seña amable a Megumi para que los dejara solos.

 

-Dime Hiko, ¿hay algo que deba saber antes de partir?

-¿Tú la amas? ¿o juegas con ella ?- preguntó en forma brusca Hiko.

-No te preocupes ahora por eso, Hiko – le repondió dándole la espalda mientras comenzaba a acercarse a la salida- tenemos cosas más importantes que resolver. De no ser así Mercedes no podrá ser de ninguno de los dos.

-¡Contéstame Hajime! –insistió Hiko en un tono poco amigable.

-¡Vamos!- dijo Saitho- Deja que el propio destino maneje sus asuntos. Por mientras, recupérate. Tal vez luchemos por ella a mi regreso-

-O sea, que sí la amas- dijo Hiko en un tono de decepción.

-Esta bien- dijo Saitho – Si. Si la amo. Pero si te sirve de consuelo, debido a ello daría mi vida por Mercedes. Así que ahora no te preocupes. A nuestro regreso veremos que decide su propio corazón.- y salió de la habitación para buscar a Mercedes.

Hiko se quedó sentado mirando hacia el infinito- ¿Qué te está pasando Seijuro?¿Acaso tu corazón ha vuelto a latir?- pensó para sí.

 

-¿Qué te ocurre Maestro Hiko?- le dijo Megumi que venía entrando.

-Nada Megumi, nada. Es sólo que........ siempre pensé que no tenía corazón.