free hosting   image hosting   hosting reseller   online album   e-shop   famous people 
Free Website Templates
Free Installer

CAPITULO V

 

REINA DE TAILANDIA, GUERRERA DEL JAPON

 

No tuve valor para volver a despedirme de Hiko. Sabía que si lo hacía mis ojos se llenarían de lágrimas otra vez y no quería que me vieran así.

Tomamos un carruaje que nos llevaría a Tokio. Nos fuimos mudos casi todo el viaje. Saitho parecía distante, pensativo. Yo no tenía ganas de decir nada.

Todo el viaje fui temiendo lo peor. ¿Qué sabían de mi realmente? Al fin, decidí entregarme al destino.

 

Ya entrada la noche nos detuvimos a dormir en el camino. Preferí olvidar los miedos y mi orgullo. Me acerqué a Saitho.

-¡Vamos, dime algo!- le dije despacio- ¿Acaso tus sentimientos cambiaron...........

-No hables y duerme- dijo, al tiempo que abrazándome hacía que me acurrucara contra él. -Mañana el sol iluminará nuestras cabezas querida Mercedes.

.....................................................

 

Por fin el largo viaje terminaba. Llegábamos a Tokio sin novedad. Saitho me acompañó de inmediato a la embajada española. Respiré aliviada al darme cuenta de que no había relación con Tailandia en todo esto.

El asunto fue más simple de lo que yo esperaba. Estaba ilegalmente en Japón, siendo española, además, había documentos que mi padre había dejado abandonados al momento de morir y querían saber si me haría cargo de esos asuntos. Saitho consiguió que se regularizara mi residencia en el país.

Me parecía increíble. Esperaba algo peor, como que me relacionaran con.....eso...en Tailandia.

 

-¿Por qué tienes esa cara de sorpresa Mercedes? ¿Acaso esperabas que el problema fuera otro?- me dijo Saitho al retirarnos de la embajada.

 

No contesté nada. Temía escuchar de sus labios algo sobre Tailandia. No quería mirar sus ojos, ya que descubriría lo que estaba ocultando.

Nos encaminamos hacia la estación de policía. Mi corazón comenzó a desesperarse nuevamente.

 

-Saitho, ¿a qué venimos aquí?- le dije tratando de  no mostrarme preocupada

-Mercedes, yo se que detrás de todo esto hay algo más. Hemos venido aquí porque han llegado nuevos antecedentes sobre tu problema con los Tailandeses. Quiero que conversemos tú y yo a solas, luego veremos qué más podemos hacer al respecto. Vamos no temas, no dejaré que salgas dañada en todo esto.

 

Me sentí perdida. Parecía que mi secreto ya no lo sería más. Comencé a imaginar cómo explicar todo lo que estaba sucediendo.

Entramos a una oficina y Saitho comenzó a interrogarme. Con tacto, con calma, pero era un interrogatorio al fin y al cabo y comencé a sentirme como un delincuente, a pesar de creerme inocente.

 

-¿Tú sabes porqué te persiguen esos hombres?

-Sí- contesté

-¿Quiénes son?

-Asesinos a sueldo.

-Mercedes, eso ya lo sé, pero ¿quién los envió? Ese cuento de que pertenecías a un grupo libertador.......... No tiene sentido. Vamos, hay gente muriendo con todo este asunto. Piensa en Hiko.

-No lo se Saitho- contesté enojada- Y aunque lo supiera, creo que no es el momento de hablar sobre este asunto. Necesito volver. Mira Saitho, si realmente me amas...deja este asunto así. Pronto todo esto acabará, te lo aseguro.

-¿Qué relación tuviste con la casa real en  Tailandia? Mi respiración se congeló. El silencio se me hizo eterno.

-¿A qué te refieres? ¿Qué sabes de eso?-pregunté

No mucho y espero que me lo aclares- dijo él inquisidoramente.

Me levanté del asiento y pregunté-¿Hay algún cargo en mi contra o estoy bajo arresto por algo?

-No- Respondió Saitho –no.

-Me voy, no soporto más esta estupidez- caminé hacia la puerta. Saitho corrió y me sujetó por un brazo.

-¿Estupidez? Tú estás siendo estúpida. Si realmente confiaras en mi me contarías lo que está ocurriendo- me dijo muy enojado- Vas a terminar muerta Mercedes. No siempre estaremos con Hiko para protegerte, ni Kenshin, ni Sanosuke........

- Tu no comprenderías. Esto ya va a terminar y luego lo olvidaré para siempre.

-Mercedes, por favor, dime lo que ocurre- me dijo en tono suplicante.

-Necesito mi espada, pide que me la entreguen. Debo volver a Kioto.-le dije, tratando de mostrar que también podía ser autosuficiente.

-Eres una tonta y me odio por haberme enamorado de ti. –me quedó mirando con enojo y dulzura a la vez. Está bien, volvamos a Kioto.

 

Ya era de noche. Saitho estaba molesto y preocupado. Me invitó a comer a un hermoso lugar, pero no dijo una sola palabra durante toda la noche, excepto para pedir la cena y sake. Que raro, él nunca bebía sake. Una vez le había escuchado decir que la bebida le hacia tener ganas de matar, por eso prefería no beber. ¿Acaso esta noche esperaba un enfrentamiento?

Luego nos fuimos al cuarto de un hotel. Cada uno tomó un baño y nos dormimos. Los ánimos estaban encendidos pero no para amar. Saitho durmió con la espada a su lado, lo cual comenzó a crearme un cargo de conciencia enorme. Tal vez debía confiar en él. No podía dormir. Finalmente lo desperté

 

-Saitho, Saitho-le susurré al oído, con lo cual se incorporó violentamente con la espada en la mano.

-¿Qué ocurre Mercedes?- dijo mirando hacia todos lados.

-Lo siento, es que no puedo dormir. Pienso que tienes razón. Debo confiar en ti. Quiero contarte algo, algo que me agobia, algo que no quiero que repitas. Esto me avergüenza, me genera recuerdos que quiero borrar para siempre........

-Vamos ya que me has despertado, cuéntame de una vez- me dijo.

-Mi padre murió siendo muy pequeña y al cumplir los 15, esta familia que me crió me regaló al............¡cielos! no soporto recordar esto.

-Espera, cálmate tenemos mucho tiempo para que me lo cuentes- dijo tratando de darme valor.

- Formé parte del grupo de esposas de quién era rey en Tailandia en esa época. No se ni como se llamaba. A los 22 años tuve a Inés, él fue su padre. Luego de que lo asesinaron escapé hasta que llegué a Japón.

-O sea que esos hombres...

-Si Saitho, esos hombres tienen que matarme por abandonar mi condición de esposa, por desertora. No sé cómo dieron conmigo. Además, ¡han pasado tantos años! Que me parece increíble que esto esté ocurriendo.

 

Saitho me abrazó con mucha fuerza. Por fin me liberaba de un peso que me agobiaba hace años.

 

-¿Hiko no lo sabe?- me preguntó.

-Nunca se lo he dicho, pero creo que algo se imagina. Cuando vio mi tatuaje por primera vez, sé que estuvo averiguando su significado. Pero nunca me ha dicho nada.

-¿Tatuaje? ¿Tienes un tatuaje?- preguntó sorprendido

-Vamos, tienes que haberlo visto. Aquí en mi hombro izquierdo.

-Confieso que no lo había visto. Cuando nos amamos estaba tan feliz que no te miré por todos lados – me dijo bromeando- ¿qué significa?

-Es un dragón con 7 garras. Cada garra es un asesino.

-Y ya hemos detenido a seis. Sólo queda uno.......... ¿Qué ocurrirá después?

-Si sobrevivo, soy libre.

-Dime una cosa ¿Sahiko es princesa o algo así? – me preguntó.

-Algo así. El problema que como su padre está muerto y ella es una heredera........

Prefiero pensar que es hija de Hiko. Eso la protegerá. No creo que la busquen a ella. Muchos niños murieron en esas revueltas cuando escapamos, tal vez la dieron por muerta.

-Mercedes, Mercedes, gracias por confiar en mi. Ven, ven aquí-

 

Me atrajo hacia él y nos abrazamos por mucho rato. Nos besamos y planificamos el viaje que haríamos al día siguiente. Debíamos ser cautelosos y atrapar la séptima garra antes de que me diera su zarpazo.

........................................................

Saitho pensaba que si hacíamos el viaje de regreso a caballo y por caminos poco transitados, yo correría menos peligro. El viaje fue interminable, pero llegamos sanos y salvos a Kioto.

 

-Te quedarás con Kenshin y los demás en el dojo  mientras yo averiguo lo que pueda en la ciudad.- me dijo casi llegando .

.............................

Cuando entré al dojo corrí para encontrarme con Hiko, pero no estaba. Poco después de nuestra partida, decidió viajar sin destino. Me dejó una nota, que no podía leer ya que sólo había aprendido a hablar japonés pero no a escribirlo. Conservé la nota por algunos días entre mis ropas, finalmente decidí pedirle a Kenshin que me la leyera.

 

Amada  Mercedes,

Cuéntale a Saitho sobre el dragón con siete garras. Yo lo sé hace mucho tiempo. Creo que he cumplido mi misión en este asunto y vuelvo con mi hija.

Trata de ser feliz con él, y si algún día decides volver mi corazón volverá a latir con fuerza por ti.

Ai-shiteru

          Seijuro Hiko

 

Kenshin guardó silencio. Yo me levanté  y comencé a caminar hacia el río. Allá jugaban las hermanas pequeñas de Kaoru.

En ese momento alguien llegaba al dojo y Kenshin fue a abrir la puerta de calle, era Saitho.

 

Corría con las niñas por la ribera del río, hacía calor. Nos fuimos alejando cada vez más de la casa. De pronto, sin que alcanzara a darme cuenta apareció la séptima garra del dragón. Tomó a la pequeña Susume y amenazó con matarla si no me entregaba en paz. Al verme desarmada y lejos del dojo no me quedó más que dejarme caer de rodillas con los brazos extendidos en señal de que no portaba arma alguna. Tenía la esperanza de que soltara a Susume sin hacerle daño. Me di cuenta de que llevaba dos espadas, como muchos guerreros lo hacían y por mi mente cruzó con rapidez la idea de tomar la segunda espada desde su cinto, para defenderme. ¿Pero cómo lo haría? Yo no era tan rápida como Hiko o Saitho. El hombre empujó con violencia a Susume lejos de sí y comenzó a avanzar hasta mi. Las niñas corrieron al dojo gritando y alcancé a escuchar las voces de Kenshin y Saitho avanzar con rapidez hacia mi, pero ya no los podía esperar. Me levanté lo más rápido que pude y me lancé contra él, logré tomar la espada de su cinto, pero al hacerlo sentí un agudo dolor en el costado izquierdo. Me dejé caer hacia la izquierda, rápido y con violencia. Sentí que su espada se rompía y mis movimientos se liberaban. Pensé en Hiko y dejé que el corazón guiara mi espada, como él me había enseñado. Olvidando el dolor me incorporé y le asesté con la espada a la altura del cuello. Lo tomé por sorpresa y no alcanzó a reaccionar, cayendo con medio cuerpo al río.

Sin aliento y con mucho dolor me arrastré hacia el agua. Veía sangre en mis manos, en mis brazos. Necesitaba lavar la muerte de ellos pronto. Jamás antes había matado a una persona. Una sensación de asco y pánico no me permitieron disfrutar de mi victoria. En ese instante casi cayeron sobre mi Saitho y Kenshing, me tomaron en vilo y me llevaron fuera del agua.

 

-¡Maldición! Kenshin mira, tiene la punta de la espada clavada. Hay que sacarla rápido-

-Saitho, mira está conciente.- le dijo Kenshin- Calma Mercedes ya ha pasado lo peor – me dijo al tiempo que me tomaba entre sus brazos para facilitar a Saitho la extracción del pedazo de espada.

-Mercedes, Mercedes- Saitho sujetaba mi rostro con una mano obligándome a mirarlo a los ojos- esto va a doler un poco, pero aguanta. Cuando despiertes todo habrá pasado-

 

No alcancé a terminar de oír sus palabras cuando sentí que el cuerpo y el alma se me desgarraban. Vi a Saitho salpicado de sangre. Escuchaba la voz de Ken, pero cada vez más lejos.

 

Sentía el calor del sol sobre mi cuerpo, la brisa......... La paz sólo era rota por el canto de las aves. Veía como los campos se movían al son del viento. Escuché la voz de Hiko llamándome. Mi corazón comenzó a latir apresuradamente y me dio la impresión de que volvía a respirar. “Disfruta tu victoria” me decía. Giré hacia todos lados buscando la procedencia de su voz, “Respira, aún no es tiempo de abandonarnos”. Era incomprensible. Fue entonces cuando un agudo dolor me trajo a la realidad. Abrí los ojos y me di cuenta de que iba en brazos de Saitho, quien corría hacia el dojo.  Este, al ver que abría los ojos respiró aliviado.

 

-¡Dios mío! ¡Pensé que habías muerto! No respirabas- me dijo muy preocupado.

-No podía morir, necesito disfrutar mi victoria- le dije muy despacito, rozando mi rostro contra su pecho.

.......................................................

 

Pasé mucho tiempo recuperándome en el dojo. Todos me cuidaron, demostrando con ello mi aceptación a esta particular familia. Saitho pasó muchas noches velando mi sueño igual que Sanozuke y Kenshin. Megumi y Kaoru me trataban como a una hermana.

 

-Mercedes – dijo Kenshin entregándome un sucio pedazo de papel. -Lo encontré ese día flotando en el agua. Ya no se lee lo que decía, se ha corrido la tinta, Pero pensé que te gustaría conservarlo. –Era la nota de despedida de Hiko. La recibí agradecida y abracé a Kenshin.

-No se que hacer amigo- le dije- mi corazón los ama a los dos  ¿No es posible eso acaso?