| free hosting image hosting hosting reseller online album e-shop famous people | ||
![]() ![]() |
||
CAPITULO IX
-¿Todo eso que me has contado está escrito en este diario? Es increíble.
O sea que mi tatarabuelo fue Seijuro Hiko y no Hajime Saito.
Madrecita, ¿Por qué no me lo habías contado antes? Me siento
orgulloso. Además, toda esta historia es realmente increíble.
-Bueno, hijo-dijo Sakura- no me habían pedido que te la contara antes.
-¿Quiénes no te lo habían pedido? -pregunté curioso
-Cuando llegue el momento lo sabrás- le dijo Sakura sonriéndole.- A
propósito, se me olvidaba. Abre mi ropero y busca unas espadas que hay en el
fondo.
-¿Espadas? ¿Cuántas otras sorpresas escondes Madrecita?-
-Mira –le dijo desenvolviendo el paquete- Esta es la espada de Hajime
Saitho y esta otra la espada de Seijuro.
Los ojos de Jushiro no podían creerlo. Tomó las espadas entre sus
manos, les tomó el peso y trató de sentir en la empuñadura de cada una el
calor de la mano de sus antiguos dueños.
El timbre de la puerta de calle sonaba. –Debe ser el doctor que iba a
venir a verte– le dijo a su Madrecita. Guardó las espadas y bajó corriendo
las escaleras de la vieja casa para abrir la puerta.
Cuando entraron al cuarto de Sakura ella estaba muerta y ambos se
quedaron perplejos ante la visión que sus ojos presenciaban: De pie al lado de
la cama estaba un hombre muy alto de cabellos largos y ojos negros, vestido a la
antigua usanza japonesa. Estaba besando la cabeza de Sakura al tiempo que le decía
“no tengas miedo, todos te esperamos del otro lado”.
El doctor insistió en no haber visto nada, pero yo tengo la certeza de
que algún día Seijuro Hiko también vendrá para acompañarme hasta el otro
lado.